ANALES OFTALMOLÓGICOS Tomo VII • Vol. VII • N˚3 • 2021 • Santiago - Chile Desde el punto de vista epidemiológico, las indicaciones para el trasplante corneal observadas en esta cohorte difieren parcialmente de las reportadas en países de altos ingresos, donde la distrofia endotelial de Fuchs y el queratocono suelen predominar. En contraste, en nuestra serie la queratitis infecciosa y la queratopatía endotelial pseudofáquica representaron las causas más frecuentes, lo que concuerda con estudios previos realizados en América Latina y probablemente refleja diferencias en el acceso a cirugía de catarata, en la carga de enfermedad infecciosa y en la disponibilidad de técnicas lamelares. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de interpretar los resultados del trasplante corneal dentro de su contexto epidemiológico regional. En relación con los resultados visuales, se observó una mejoría estadísticamente significativa de la agudeza visual postoperatoria en comparación con la preoperatoria. Este hallazgo confirma el beneficio funcional del trasplante corneal en una proporción relevante de pacientes, aun cuando una fracción de la cohorte presentó limitaciones visuales persistentes. La ausencia de una asociación significativa entre el diagnóstico preoperatorio agrupado y la agudeza visual postoperatoria sugiere que los resultados funcionales están influenciados por múltiples factores, incluyendo el estado del segmento anterior, la presencia de comorbilidades oculares y el seguimiento postoperatorio, más allá de la etiología inicial que motivó el trasplante. El análisis de la agudeza visual postoperatoria según el tipo de corrección utilizada pone de manifiesto la relevancia de la rehabilitación óptica en los resultados funcionales tras el trasplante corneal. La mayor proporción de agudezas visuales elevadas observada en pacientes evaluados con lentes de contacto o corrección óptica especializada sugiere que una parte de las limitaciones visuales postoperatorias podría estar relacionada con factores refractivos potencialmente corregibles, más que con la transparencia del injerto per se. El acceso a dichas correcciones se dificulta en nuestra población debido a sus características socioeconómicas y demográficas, y pone en manifiesto que los resultados de AV sobre 0.5 serían mayores en esta población de tener acceso a mejores instrumento de corrección refractiva. Respecto al rechazo del injerto, la incidencia acumulada observada en esta cohorte se incrementó progresivamente a lo largo del seguimiento, en concordancia con lo descrito en la literatura. Sin embargo, más de la mitad de los injertos evaluables permanecieron libres de rechazo durante el período de observación, lo que destaca la efectividad del trasplante corneal en una proporción sustancial de pacientes. Este hallazgo es clínicamente relevante y refuerza la importancia del manejo postoperatorio y del control longitudinal para preservar la sobrevida del injerto. Además, es relevante diferenciar los pacientes con rechazo crónico de aquellos que tuvieron signos de rechazo y respondieron a tratamiento. Si bien un 44% de los pacientes presentó en algún momento del seguimiento signos de rechazo, solo un 37% mantenía esos signos al mes 18 de seguimiento, lo que significa que un 15% de los pacientes con rechazo respondió al tratamiento indicado. El análisis de la asociación entre el diagnóstico preoperatorio agrupado y la ocurrencia de rechazo no mostró diferencias estadísticamente significativas entre las distintas categorías etiológicas. Si bien algunas entidades tradicionalmente consideradas de mayor riesgo, como las queratitis infecciosas o el antecedente de rechazo de injerto previo, presentaron porcentajes relativamente elevados de rechazo, estas diferencias no alcanzaron significación estadística. Este resultado sugiere que el riesgo de rechazo es un fenómeno multifactorial y que el diagnóstico preoperatorio por sí solo podría no ser un predictor independiente robusto en el contexto de un manejo postoperatorio adecuado.
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