Abordaje integral de la hiperemia conjuntival no infecciosa
Un panel internacional de expertos concluye que la acción complementaria entre lágrimas artificiales y descongestionantes tópicos en pautas cortas (≤ 72 h) controla la hiperemia residual al minimizar el riesgo de rebote.
La hiperemia conjuntival no infecciosa, es decir, el enrojecimiento derivado de la dilatación de la microvasculatura del tejido conjuntival, es una de las presentaciones oftalmológicas más frecuentes. Además de causar molestias, puede afectar la calidad de vida por sus implicancias estéticas y su impacto en las actividades sociales y laborales. Su frecuencia ha aumentado en personas jóvenes y sanas, en relación con factores de estilo de vida como la exposición prolongada a pantallas y el uso excesivo o inadecuado de lentes de contacto. De hecho, la prevalencia global de la fatiga visual digital se estima en 70%.
El propósito de esta revisión, cuya autora principal es la Dra. Melissa Toyos (Toyos Clinic, EE. UU.) junto a un panel internacional de especialistas, consistió en examinar de forma integral el panorama terapéutico global para la hiperemia conjuntival no infecciosa, así como determinar las necesidades médicas insatisfechas en su abordaje clínico y cosmético.
Se trató de una revisión narrativa basada en una búsqueda en PubMed hasta el 8 de enero de 2025. Se incluyeron artículos en inglés sobre la etiología, el diagnóstico y las opciones de tratamiento de la hiperemia ocular no infecciosa, así como sobre los desafíos de su manejo.
Entre las causas etiológicas predominantes destacan la enfermedad de ojo seco, cuya prevalencia es del 5% al 50%, y la conjuntivitis alérgica, con una prevalencia del 20% al 40%, reportándose hiperemia en el 85% de los pacientes en un estudio multicéntrico (n =3.545).
En el ámbito farmacológico, la evidencia posiciona a los lubricantes oculares y a los descongestionantes tópicos como intervenciones principales. Las lágrimas artificiales representan el tratamiento basal de primera línea al optimizar la homeostasis de la superficie ocular mediante la reducción de la hiperosmolaridad lagrimal, la dilución de mediadores proinflamatorios y alérgenos, y la conformación de una barrera física protectora.
Por su parte, los descongestionantes tópicos como la nafazolina —un agonista adrenérgico de acción mixta α1/α2 documentado en la práctica oftalmológica— tienen una eficacia bien establecida. Su utilidad clínica radica en conferir un alivio sintomático inmediato en irritaciones oculares menores o en actuar como coadyuvante a corto plazo junto con la terapia etiológica de base (en alergia o patología de la superficie ocular), logrando controlar la hiperemia residual y atender las demandas estéticas del paciente. Su prescripción en pautas racionales y de corta duración (habitualmente ≤ 72 horas) previene fenómenos de desensibilización de receptores o hiperemia de rebote.
Los autores concluyen que el manejo debe abordar la causa de base y, a la vez, los signos y síntomas, incluida la hiperemia residual. Recomiendan descartar primero las urgencias oftalmológicas y observar directamente los ojos del paciente, fuera de la lámpara de hendidura, para valorar su apariencia y conversar sobre sus inquietudes estéticas. Por último, enfatizan la necesidad de desarrollar guías de diagnóstico y manejo específicas para la hiperemia conjuntival no infecciosa.
Fuente bibliográfica
Global Perspectives on Therapy for Noninfectious Conjunctival Hyperemia: A Narrative Review
Toyos M, et al.
Ophthalmology and Therapy (2026), 15:967–984