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02 Noviembre 2020

Dr. Norberto Bilbeny Lojo:

“Comprender el nivel de dolor del paciente es un desafío constante”

En personas mayores o recién nacidos existen algunas circunstancias que complican tanto la evaluación y diagnóstico del dolor como las posibilidades terapéuticas.

En 1979, el Subcomité de Taxonomía perteneciente a la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), describió esta afección como “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión tisular real o potencial, o descrita en términos de tal daño”.

Si bien obtuvo amplia aceptación por parte de los profesionales de la salud e investigadores, en 2018 un grupo de médicos razonó que, debido a los avances en su comprensión, se justificaba una reevaluación.

Norberto Bilbeny Lojo, especialista en anestesiología y medicina del dolor, se ha desempeñado como docente en las Universidades de Chile, Los Andes, Andrés Bello y Gabriela Mistral, siendo uno de los fundadores y jefe de la primera Unidad de Dolor universitaria en Chile y director de la primera clínica de dolor en ese país.

Para conversar respecto a los desafíos que propone el abordaje de pacientes con dolor y compartir sus apreciaciones sobre esta redefinición, el doctor Bilbeny fue entrevistado por SAVALnet.

- En 2018 encabezó una investigación sobre dolor crónico. ¿Cuáles fueron los principales hallazgos? 

Se trató de una encuesta que exploró el efecto de la rutina diaria en la calidad de vida y las actividades. Para realizarla se utilizó una escala de categoría numérica (0-10) con ítems que incluían ánimo, funcionamiento social, autocuidado, capacidad para caminar, sueño y actividad sexual. Entre quienes respondieron con un puntaje mayor o igual a cuatro (impacto moderado a severo del dolor), el resultado fue: irritabilidad (76.9%), interferencias en las actividades de la vida diaria (74.5%), autocuidado (72.1%), actividades sociales (70.1%), trabajo (69.4%), ánimo depresivo (68.8%), capacidad para caminar (66.6%), sueño (65.3%) y actividad sexual (56.8%). Nuestra conclusión fue que el dolor crónico no oncológico genera discapacidad y un gran impacto en la calidad de vida de las personas que lo padecen.

 - ¿Cómo afecta en la edad adulta y más avanzada? 

Dentro del grupo etario en edad laboral (30-65 años), suele aparecer dolor crónico lumbar, cefaleas y fibromialgia. En el caso del adulto mayor (65 o más), van surgiendo patologías musculoesqueléticas degenerativas como la osteoartritis de rodillas, caderas y hombros. Es algo que se manifiesta en distintas edades. En cuanto a diferencias y repercusiones, el primer grupo -que se encuentra en etapa laboral- se asocia a mayor número de licencias médicas frecuentes y prolongadas, generando elevado ausentismo laboral. Por otra parte, en el adulto mayor se produce deterioro en la calidad de vida, con gran limitación funcional y disminución de la movilidad.

- ¿Cuál es la principal dificultad a la hora de cuantificar el nivel de dolor?  

Se trata de una experiencia sensorial y emocional desagradable, intrínsicamente individual. El dolor lo experimenta la persona que lo sufre. De ahí, que solo el paciente es quien nos puede manifestar su padecer, y nosotros, los médicos y todo el personal de salud que atiende a una persona con sintomatología dolorosa, debe creerle siempre. Respecto a las herramientas de evaluación, normalmente utilizamos una escala de categoría numérica que mide la intensidad, donde 0 significa sin dolor y 10 el peor dolor que se haya sentido. Sin embargo, es algo bastante limitante, pues solo evalúa intensidad y no otros parámetros como funcionalidad y calidad de vida. Existen cuestionarios rápidos que se pueden aplicar en la consulta diaria y que son un buen complemento.

- La primera definición, hecha en 1979, consideraba al dolor como una experiencia emocional. Sin embargo, tras su reformulación se describe como una de carácter personal….

La de 1979 y la de este año, siempre han considerado al dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada o no a daño tisular. Sin embargo, en la primera definición se manifestaba que el dolor podía ser descrito por la persona afectada. Lo que ahora cambió, es que se eliminó la palabra “descrito”, dado que existen poblaciones que no tienen la capacidad de hacerlo, como pacientes de tercera edad con enfermedades mentales o neurológicas, recién nacidos y también animales utilizados en modelos experimentales de dolor. Esta última definición se ajusta más a estos grupos.

- ¿De qué manera se puede detectar con agudeza el sentir de estos pacientes? 

Comprender el nivel de dolor de un paciente es un desafío permanente. Generalmente la observación clínica acuciosa de movimientos corporales, gesticulaciones, expresiones faciales o cambios hemodinámicos, nos pueden ayudar a identificar y a diagnosticar la presencia de dolor crónico en este grupo de pacientes. En todo caso, no es fácil medir el dolor en ellos.

- Según el doctor Juan Antonio Mico, presidente de la Sociedad Española del Dolor, esta nueva definición “convierte al paciente en el centro del concepto del dolor”. ¿Comparte esta visión? 

Me parece bien lo que dice el doctor Mico, pero yo siento que tanto la definición de 1979 como la de este año pone el centro de atención en la persona e, incluso, queda más razonable al confirmar que no solo es una experiencia humana a cualquier edad, si no de cualquiera otra especie animal.

- Por último, ¿cómo se ha relacionado la pandemia con el dolor crónico no oncológico, y de qué manera se puede abordar?

Los pacientes con dolor crónico presentan trastornos del ánimo como depresión y ansiedad. Además, sufren aislamiento y trastornos del sueño. Todos esto puede acentuarse en situación de pandemia y, obviamente, con aumento de la intensidad del malestar. Es importante que los pacientes prevengan esta situación, y si sienten que su dolor presenta mayor alteración del ánimo o sueño, consultar rápidamente para que no evolucione la espiral de este fenómeno con un dolor fuera de control.

Por María Ignacia Meyerholz.