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03 Enero 2022

Dr. Felipe Beasain Chandía:

“El sesgo cultural sobre la vasectomía está cambiando”

La anticoncepción suele presentarse como una responsabilidad solo de la mujer. Sin embargo, este modo de control de natalidad está aumentando el interés de hombres que han dejado atrás mitos al respecto.

La esterilización masculina es un procedimiento quirúrgico electivo que elimina un segmento de los vasos deferentes del aparato reproductor, impidiendo que los espermatozoides se trasladen de los testículos a los conductos eyaculatorios. 

Pese a que en muchos países -sobre todo del primer mundo- se utiliza masivamente, las cifras revelan que se realizan el doble de esterilizaciones femeninas en comparación con vasectomías, siendo 15 veces más en América Latina. No obstante, esta importante brecha la tendencia es clara: esta modalidad de control de la natalidad masculina ha aumentado 60 veces en 25 años y cuatro veces en los últimos 15.

El doctor Felipe Beasain Chandía, especialista del Instituto de Diagnóstico Urológico y de Clínica Ciudad del Mar en Chile, es testigo de esta tendencia. “Es un tema que estamos viendo con mayor frecuencia en consulta. En cada caso, el cirujano debe actuar de forma empática y ética, hacer una consejería sobre las opciones, explicar las dificultades que tiene revertir el procedimiento, respetando el libre albedrío y la autonomía del paciente”.

Para el especialista se trata de uno de los métodos con mayor eficacia anticonceptiva. “Está subutilizado, es más simple, de menor costo, mínimamente invasivo, ambulatorio y más seguro que la esterilización femenina. Afortunadamente, estamos viendo un aumento en su demanda, debido a que el sesgo cultural respecto a los mitos está cambiando. Los hombres se están informando más y compartiendo experiencias”.

- ¿Cómo y dónde nace este procedimiento?

Su desarrollo, hasta ser aceptada como una técnica segura y eficiente, fue un tanto tortuoso. De forma empírica ya estaba descrita su práctica en la Europa del siglo XVIII en diversas indicaciones. En Estados Unidos, a principios del siglo XX, se empleaba para reducir el riesgo de epididimitis en la cirugía prostática y también se usó punitivamente contra criminales y violadores. Durante la Segunda Guerra Mundial se indicó inescrupulosamente para el control de la natalidad en la Alemania nazi contra grupos étnicos y personas con enfermedades mentales. Este uso eugenésico de la técnica fue causante de su mala fama durante mucho tiempo. Su utilización de forma regular en medicina despega después de 1950. Países con problemas demográficos como India y China inician exitosos programas públicos de vasectomía. Es en esta década que la evidencia científica logra imponerse. Antes su práctica estaba rodeada de mitos respecto al potencial impacto en la salud masculina. 

- ¿De qué manera ha mejorado la técnica?

Curiosamente, al ser una cirugía tan simple en su base anatómica y fisiológica, no ha cambiado mucho. No así el paradigma social sobre ella, porque la anticoncepción está dejando de ser solo responsabilidad de la mujer. Una gran mejora fue introducida por el doctor Li Shunqiang en China en 1974. Él desarrolló un instrumental específico para realizar la vasectomía sin bisturí. Consiste en una pinza de conducto, tipo mini-fórceps, que ayuda a exponer el vaso deferente; y otra disectora que permite el acceso menos invasivo al vaso deferente, logrando una intervención menos traumática y con mejor recuperación. 

- A qué se debe el cambio de paradigma social…

En sus inicios tuvo una imagen histórica deformada respecto a su real utilidad, que es el control voluntario de la natalidad. Otro gran factor que la hace ser un tabú es que la confunden con la castración, que habitualmente se practica en el ámbito veterinario y produce un déficit hormonal y menor virilidad. La vasectomía, por el contrario, es inocua en ese sentido: se mantiene intacta la libido, orgasmo y la capacidad eyaculatoria.

- Este es un tema que los pacientes conversan y socializan con bastante frecuencia. ¿Cuál es el perfil de quien la solicita?

Los candidatos a vasectomía tradicionalmente tienen su planificación familiar completa. Por lo general, mayores de 35 años con paternidad cumplida. Sin embargo, este perfil ha ido cambiando en los últimos años. Cada vez se acercan a la consulta pacientes más jóvenes. Hombres muy bien informados sobre sus opciones de control natal y con plena conciencia de un proyecto de vida autónomo.

- En Estados Unidos se realizan 500 mil procedimientos al año. ¿Existe estadística sobre cuántas vasectomías se practican a nivel Latinoamericano?

Teniendo presente que la esterilización quirúrgica de la mujer es más invasiva, con mayor tasa de complicaciones y efectos secundarios, la proporción de ellas sobre la vasectomía es de 25,9% versus 2,3%. Queda mucho aún para llegar a niveles de países del primer mundo. Los Estados donde comprenden que la vasectomía tiene una alta eficacia, bajo costo y menor tasa de complicaciones, la fomentan como método anticonceptivo y rápidamente las tasas igualan o superan a esterilización femenina. Eso requiere de sistemas de salud robustos que fomenten una buena educación sobre planificación familiar.

- ¿Cómo es el procedimiento y qué efectos adversos tiene?

Básicamente, consiste en realizar una pequeña incisión en la piel del escroto que permite aislar el vaso deferente, el cual se secciona y liga para interrumpir el paso de espermatozoides hacia el flujo seminal. Se puede realizar bajo anestesia local o regional, no demora más de 20 minutos y es completamente ambulatoria. Ofrece un control seguro de la fertilidad manteniendo la libido intacta, capacidad eyaculatoria y orgasmo normales. No genera ningún tipo de problema cardiovascular, endocrinológico ni oncológico a largo plazo. Por otro lado, evita a las parejas cargar con la responsabilidad de llevar prolongados tratamientos anticonceptivos hormonales, dispositivos intrauterinos o salpingoligadura. La vasectomía tiene una altísima eficacia, prácticamente del 100%. Su seguridad como método anticonceptivo ocurre alrededor de 90 días posterior al procedimiento y se certifica mediante un espermiograma de control.

- Usted utiliza la técnica sin bisturí. ¿Cuál es la diferencia con la cirugía tradicional?

La vasectomía sin bisturí sigue los principios básicos de la tradicional. La diferencia radica en que se utiliza instrumental específico que permite acceder de forma menos traumática e invasiva al vaso deferente, por una pequeña punción, para lograr su sección y ligadura. Se reduce así la tasa de dolor postoperatorio y las complicaciones.

- Se puede revertir…

Esa es una pregunta habitual. Siempre se puede revertir con una vasovasostomía o vasectomía reversa que es mucho más compleja que la primera intervención. Para eso usamos una técnica de microcirugía y puede durar entre cuatro a cinco horas. Según las múltiples series tiene una efectividad que ronda entre 75% a 90%. Mientras más precoz se realice la cirugía postvasectomía, mayor es la tasa de éxito. De todas formas, como se preserva la producción de espermios en las gónadas, siempre se tendrá la opción de fertilizar a su pareja por técnica de aspiración de espermios in vitro si la intervención resulta frustrada.

- Pacientes que aún no han sido padres pueden someterse a ella. ¿Qué dilemas éticos existen detrás de esa decisión?

Candidato para una vasectomía es todo hombre mayor de edad con pleno uso de sus facultades mentales, que tenga clara su planificación familiar y comprenda que se trata de un procedimiento irreversible. Este es un tema que estamos viendo con mayor frecuencia en la consulta urológica. En cada caso, el cirujano debe actuar de forma empática y ética, hacer una consejería sobre las opciones, explicar las dificultades que tiene revertir el procedimiento, respetando el libre albedrío y la autonomía de la persona. Tenemos referencias consensuadas que nos ayudan a enfrentar este dilema en las Normas nacionales sobre Regulación de la Fertilidad del Ministerio de Salud de 2018, en las Guías de vasectomía de la Asociación Americana de Urología de 2015 y en el Committee Opinion 2020 de la American College of Obstetricians and Gynecologists.

- Por último, ¿es factible que contemos con métodos anticonceptivos hormonales para la población masculina a corto plazo?

La disponibilidad de métodos anticonceptivos seguros para hombres se reduce a tres: condón, coito interrumpido y la vasectomía, que tiene alta eficacia, pero es permanente. En la práctica diaria vemos que ellos demandan cada vez más estrategias efectivas y reversibles que les permitan controlar su fertilidad y que las mujeres están buscando compartir la responsabilidad y los riesgos de la planificación familiar con sus parejas. El acceso a opciones fáciles de usar, efectivas y reversibles es una demanda no satisfecha para nuestros pacientes y un desafío para la ciencia y la industria farmacéutica. Existen estudios de fármacos hormonales que se encuentran en Fase II y III. Básicamente, el objetivo es lograr la supresión de la espermatogénesis sin afectar la acción de la testosterona a nivel periférico, algo que aún está en fase experimental.

Por Carolina Faraldo Portus

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