Dra. Lucía Gómez Briones:
“Solicitar un estudio de imagen pediátrica requiere equilibrar beneficio diagnóstico y riesgo radiológico"
El uso de radiación en pacientes pediátricos plantea desafíos clínicos y éticos que obligan a justificar cada examen, optimizar las dosis y priorizar la seguridad.
En Ecuador, la radioprotección pediátrica presenta importantes desafíos. Aunque existen guías internacionales disponibles, la implementación de protocolos pediátricos estandarizados, así como la capacitación y el monitoreo a nivel nacional, siguen siendo limitados y heterogéneos.
En muchas instituciones se utilizan protocolos de adultos en niños, lo que incrementa el riesgo de exposición innecesaria a radiación. Es importante una mayor coordinación nacional para homogeneizar prácticas, establecer niveles de referencia diagnósticos (DRL) pediátricos y fortalecer la formación del personal.
Así lo asegura la doctora Lucía Gómez, radióloga pediátrica del Hospital Metropolitano y de los Valles. "Los pacientes pediátricos son especialmente vulnerables a la radiación ionizante debido a factores biológicos, anatómicos y de expectativa de vida. Presentan mayor tasa de división celular y radiosensibilidad tisular, lo que incrementa tanto la probabilidad como la gravedad de efectos estocásticos en comparación con los adultos".
- ¿En qué consisten los principios de ALARA y ALADA?
ALARA, que significa "Tan bajo como sea razonablemente posible", tiene el objetivo de reducir la exposición a la radiación ionizante al mínimo. Junto a este principio se encuentra ALADA, que significa "Tan bajo como sea diagnósticamente aceptable", el cual se enfoca en la reducción de la dosis de radiación sin comprometer la calidad diagnóstica del estudio.
Ambos buscan un equilibrio. En pediatría, su aplicación adquiere especial relevancia debido al mayor riesgo de efectos estocásticos a largo plazo. Por esta razón, cada procedimiento radiológico debe ser cuidadosamente planificado y optimizado.
- ¿Cuáles son los estudios radiológicos más solicitados en pediatría que generan mayor preocupación por exposición a radiación?
La tomografía computarizada, la fluoroscopía prolongada, los procedimientos intervencionistas y las radiografías repetidas, especialmente de tórax y abdomen. Esto se debe tanto a su mayor dosis individual como a su alta frecuencia de uso. La falta de información clínica o de una sospecha diagnóstica clara en las solicitudes médicas puede llevar a ampliar áreas de estudio o aumentar fases tomográficas, incrementando innecesariamente la dosis de radiación.
- ¿Qué efectos a largo plazo se han documentado por exposición a radiación ionizante en edad pediátrica?
Los más documentados corresponden principalmente a efectos estocásticos, especialmente el aumento del riesgo de cáncer, con evidencia de asociación con leucemia tras exposiciones médicas. En casos de que estas sean elevadas, también se han descrito alteraciones del crecimiento y desarrollo de órganos, efectos neurocognitivos y alteraciones endocrinas.
- ¿Qué criterios deberían considerar los pediatras antes de solicitar un estudio con radiación ionizante?
Se deben considerar de manera prioritaria los principios de justificación y optimización. El examen debe estar clínicamente indicado y aportar información que modifique el diagnóstico, el manejo o el pronóstico del paciente.
Es fundamental evaluar si existe una alternativa sin radiación que pueda responder adecuadamente a la pregunta clínica. La solicitud debe incluir información clara y un diagnóstico de sospecha, lo que permite al radiólogo seleccionar el protocolo más adecuado y de menor dosis.
Otros aspectos clave incluyen la edad, el peso y la condición clínica del niño, la urgencia del estudio y la posibilidad de seguimiento o por imagen sin exposición adicional. La toma de decisiones debe ser compartida y basada en el beneficio esperado frente al riesgo potencial, priorizando siempre la seguridad.
- ¿Qué alternativas sin radiación ionizante están disponibles o deberían considerarse con mayor frecuencia?
En la población pediátrica, la ecografía y la resonancia magnética constituyen las principales modalidades. Ambas técnicas han experimentado importantes avances tecnológicos que han ampliado sus indicaciones y mejorado significativamente su rendimiento diagnóstico.
La ecografía, además de ser segura y ampliamente disponible, permite una evaluación dinámica en tiempo real y resulta especialmente útil en múltiples escenarios clínicos, como patología abdominal, musculoesquelética, vascular y neonatal. Por su parte, la resonancia magnética ofrece una excelente resolución de contraste de tejidos blandos y es fundamental en la evaluación del sistema nervioso central, el sistema musculoesquelético, el abdomen, entre otros.
Dado su perfil de seguridad y su capacidad diagnóstica, estas modalidades deberían considerarse de manera prioritaria antes de solicitar estudios que empleen radiación ionizante, siempre que la condición clínica del paciente lo permita.
- ¿Qué avances tecnológicos existen para reducir las dosis de radiación?
Hay importantes; entre ellos, destacan las reconstrucciones iterativas, la modulación automática de dosis, los detectores de alta sensibilidad y la fluoroscopía pulsada, aplicables en radiografía, tomografía computarizada, fluoroscopía y medicina nuclear. Gracias a estas herramientas, hoy es posible obtener estudios diagnósticos con una fracción de la radiación utilizada hace una década.
- ¿Qué mensaje clave quisiera que los pediatras y médicos generales se llevaran sobre este tema?
La radiación en pediatría no es un recurso inocuo. Cada estudio de imagen debe estar plenamente justificado, optimizado y realizarse únicamente cuando tenga un impacto real. Los niños son más vulnerables a la radiación ionizante, tienen una mayor expectativa de vida y presentan tejidos altamente radiosensibles. Por ello, la protección radiológica pediátrica es una responsabilidad compartida a lo largo de toda la cadena de atención, y no exclusiva del radiólogo.
Antes de solicitar un estudio que utilice radiación ionizante, es fundamental reflexionar: ¿Este examen cambiará el manejo clínico del paciente? ¿La imagen aportará información adicional relevante, más allá de la evaluación clínica o de laboratorio? Si la respuesta es negativa, el estudio no debería realizarse.
En Ecuador aún existe un amplio camino por recorrer en materia de radioprotección pediátrica y en la optimización del uso de los estudios de imagen. Con este propósito, hemos impulsado la campaña "Irradiemos conciencia en Ecuador", mediante la cual buscamos contribuir con charlas educativas y espacios de diálogo, orientados a concientizar sobre el uso adecuado y responsable de la radiación. Proteger hoy significa cuidar la salud de nuestros niños en el futuro.
Es fundamental recordar que la radiología no es un curso, sino una especialidad médica que requiere una formación formal, rigurosa y completa. Si bien actualmente existen cursos breves que pueden aportar conocimientos básicos, estos no reemplazan la preparación especializada que exige la práctica radiológica, especialmente en pediatría, donde la seguridad del paciente y la precisión diagnóstica son esenciales.
Respaldar y trabajar junto a profesionales debidamente formados es una de las mejores formas de garantizar estudios seguros y decisiones médicas acertadas para nuestros pacientes.