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21 Abril 2020

Cuidado del adulto mayor en tiempos de coronavirus

Ejercicio, nutrición, limitado acceso a información y aislamiento social serían clave para prevenir el contagio de SARS-CoV-2 en los pacientes de la tercera edad. 

El envejecimiento de la población es un fenómeno universal y, por tanto, un tema que ocupa un lugar predominante en la agenda pública mundial, dadas sus evidentes consecuencias en el plano económico y social.

Se trata de un proceso que alcanza a todos los individuos sin excepción, intrínseco, genéticamente programado y progresivo. Comienza, prácticamente, desde el nacimiento y es deletéreo, ya que inevitablemente termina con la muerte.

Según datos del Instituto de Estadísticas y Censos (INEC), la población de adultos mayores en Ecuador llegará hasta finales de 2020 a 1,3 millones. Esto significa que habrá 28 adultos mayores por cada 100 niños menores de 15 años, mientras que en 1950 se registraban apenas 13, es decir, un 33% más que en 2010, año en el que se realizó el último Censo de Población y Vivienda.

La Organización Mundial de la Salud advirtió que las personas que superan los 65 años y tienen comorbilidades como enfermedades cardíacas, respiratorias, hipertensión o diabetes están en el grupo con mayor peligro frente al coronavirus. Incluso, la mortalidad es más alta. 

Es por eso que dentro de este grupo se deben tomar precauciones adicionales. En ese sentido, el distanciamiento social es fundamental para el control epidémico. Sin embargo, hay que estar atentos, porque la soledad podría generar un mayor riesgo para la salud. La recomendación de los especialistas es mantener la comunicación constante, reemplazar las visitas por llamadas telefónicas frecuentes, mensajes de texto, videollamadas u otra forma de comunicación. Hay que estar atentos ante cualquier necesidad.

Si bien la enfermedad comúnmente se presenta con tos, fiebre, dolor de garganta y dificultad respiratoria, en el caso de ellos la sintomatología podría ser distinta. Por ejemplo, manifestarse sin fiebre, con decaimiento, desorientación, inapetencia, menor higiene personal, tristeza, agitación u otro cambio en estado mental habitual. Por lo que es muy importante apreciar cualquier alteración en la conducta.

A quienes viven con personas mayores se les invita a conservar, en la medida de lo posible, las rutinas y dinámicas establecidas desde antes a las cuales ellos ya estaban acostumbrados. Además, se sugiere mantener buenos hábitos, incluyendo suficiente tiempo para dormir; alimentación saludable; ejercicio que puede tener beneficios mentales y emocionales; limitar el acceso a la información, entregando solo la justa y necesaria, para no generar mayor temor y preocupación en el grupo familiar; y cuidar el distanciamiento social.