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18 Octubre 2021

Adaptación cardiovascular por ejercicio

El entrenamiento intenso y sistemático induce cambios fisiológicos y morfológicos a nivel estructural, funcional y eléctrico. Esta respuesta generalmente asintomática, se conoce como síndrome del corazón de atleta.

La práctica regular de ejercicio físico es una recomendación establecida para prevenir y tratar los principales factores de riesgo cardiovascular modificables como la diabetes mellitus, hipertensión arterial y dislipidemia. 

Según las actuales directrices mundiales sobre actividad física y comportamiento sedentario publicadas por la OMS realizar entre 150 y 300 minutos de entrenamiento moderado o entre 75 a 150 de ejercicio intenso por semana mejora la capacidad funcional y se asocia a reducciones en la incidencia de enfermedad cardiovascular y mortalidad [1].

Desde el siglo XIX se viene planteando que tanto el ejercicio físico extenuante, como el entrenamiento deportivo sistemático producen cambios agudos y adaptaciones cardiovasculares que pueden tener repercusiones sobre la salud y rendimiento de atletas dotados genéticamente y con una mayor tolerancia psicológica al esfuerzo. 

Para lograr objetivos, los deportistas están expuestos a sofisticados procesos de preparación que involucran ejercicios aeróbicos y anaeróbicos, los que producen modificaciones antropométricas, morfológicas, metabólicas y funcionales en diferentes sistemas del organismo para mejorar la resistencia [2].

Una de ellas es el síndrome de corazón de atleta o del deportista, una condición que se caracteriza por un aumento en el tamaño del ventrículo izquierdo, grosor de las paredes cardiacas, patrones anormales en la electrocardiografía y anormalidades en la repolarización. 

Si bien estos cambios no son perjudiciales, representan adaptaciones fisiológicas que ayudan a mejorar el rendimiento. La frecuencia, características y magnitud de ellas se clasifican en periférica y central. La primera, se refiere a las transformaciones que los sistemas circulatorio y muscular realizan en busca de una mayor eficiencia; mientras que la segunda, a aquellas que sufre el corazón en quienes desarrollan regularmente ejercicio isotónico (maratón o ciclismo de alta intensidad) o isométrico de fuerza con pesas (halterofilia). 

La respuesta individual al entrenamiento no es uniforme, porque en ella influyen condicionantes genéticas y ambientales. Sin embargo, se estima que hasta 50% de los atletas presenta algún grado de “remodelado cardiaco”. 

Es normal en el corazón de atleta encontrar bradicardia, latido del ventrículo izquierdo desplazado, mayor intensidad y amplitud del ritmo cardiaco, reducción de la frecuencia en reposo y en el ejercicio submáximo, alteraciones en electrocardiograma basal consistentes en variaciones de la repolarización, trastornos de la conducción y algún tipo de arritmia, siempre benignas. Sin embargo, se deben valorar por un especialista para evitar atribuir erróneamente esta entidad a casos de patología cardíaca grave.

No todos los atletas desarrollan el mismo grado de adaptaciones estructurales ante igual volumen e intensidad de entrenamiento. Los factores genéticos tienen mucho que ver en esto.

Existen algunas enfermedades cardiacas, principalmente las cardiomiopatías, que pueden pasar desapercibidas bajo el corazón de atleta. Su diferenciación es importante y no siempre es sencilla, lo que reviste un gran desafío para cardiólogos y médicos del deporte en la atención de estos pacientes debido a la zona gris existente entre las condiciones patológicas y las adaptaciones fisiológicas [3].

Dado que uno de los principales efectos del ejercicio sobre el corazón es la hipertrofia de las paredes ventriculares acompañado de dilatación de las cámaras cardiacas, pasa a ser el factor fundamental para determinar donde finaliza la respuesta “normal” y donde se inicia la patológica.

En algunos casos, el ejercicio intenso incrementa transitoriamente el riesgo de eventos cardiovasculares y, en particular, la muerte súbita (MS) en deportistas de alto rendimiento portadores de alguna deficiencia.

La frecuencia de esta patología en la literatura es variable en función de la metodología utilizada para recopilar los datos. El rango general informado es de 1/40.000 a 1/80.000 deportistas. Sin embargo, hay informes con tasas tan altas como 1/3.000. Es probable que la diferencia se deba a la definición aplicada, la que va desde aquellos que experimentaron muerte cardiaca súbita durante el esfuerzo, reposo o sobrevivieron a reanimación [4].

Las causas de MS en deporte están relacionadas con la edad del individuo. En los mayores de 35 años, la principal suele ser la cardiopatía isquémica, mientras que en los jóvenes son más comunes la miocardiopatía hipertrófica, displasia arritmogénica del ventrículo derecho, miocarditis subclínicas o enfermedades eléctricas primarias.

Habitualmente los atletas profesionales son sometidos a pruebas y controles médicos regulares. Si existe una enfermedad cardiaca subyacente, muchas veces es asintomática y solo se diagnostica con algún auxiliar de la historia clínica y exploración física. En esa línea, los médicos deben considerar como indicador cualquier alteración en el ritmo cardiaco, síncope o lipotimias que se manifiesten durante el esfuerzo. 

El diagnóstico diferencial entre la miocardiopatía hipertrófica y la respuesta fisiológica al ejercicio pasa por el hallazgo de antecedente familiar de ella en primer grado y por la realización de una serie de pruebas como test de esfuerzo, electrocardiograma de 12 derivaciones, ecocardiograma, holter de 24 horas, doppler cardiaco y resonancia magnética. Esta última permite evaluar con mayor precisión la estructura y función cardíaca, así como caracterizar el miocardio, detectando cambios como cicatriz miocárdica, fibrosis difusa y edema que de otro modo no se identificarían, lo que proporciona una certeza sustancial en muchos casos de áreas grises [5].

Si bien es difícil predecir o prevenir un paro cardiaco repentino en atletas con condiciones cardíacas preexistentes, es de suma importancia que los aficionados al ejercicio en general cuiden su salud cardiovascular con chequeos preventivos anuales con un especialista para evitar un riesgo aumentado de complicaciones asociadas al deporte extremo e identificar lesiones o patologías de manera oportuna.

Referencias
[1] Bull FC, Al-Ansari SS, Biddle S, et al. World Health Organization 2020 guidelines on physical activity and sedentary behavior. British Journal of Sports Medicine 2020;54:1451-1462.
[2] Yáñez, F. (2012): Síndrome corazón de atleta. Historia, manifestaciones morfológicas e implicancias clínicas. Revista Chilena de Cardiología Vol. 3 N3: 215-225.
[3] Brosnan MJ, Rakhit D. Differentiating Athlete's Heart From Cardiomyopathies - The Left Side. Heart Lung Circ. 2018;27(9):1052-1062.
[4] Farzam K, Rajasurya V, Ahmad T. Sudden Death in Athletes. In: StatPearls. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; August 1, 2021.
[5] Adamuz MC, Figal DP. The Challenging and Amazing Field of Sports Cardiology. J Cardiovasc Transl Res. 2020;13(3):263-264.

Por Carolina Faraldo Portus