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08 Julio 2019

Bases neurológicas del oído perfecto

Una de cada 10.000 personas en el mundo posee una variación en la estructura cerebral que permite procesar los sonidos de manera distinta a como lo hacen otros seres humanos.

La música es tan antigua como el ser humano. Desde sus pretéritos orígenes –cuando los hombres se maravillaron con los sonidos de la naturaleza y empezaron a jugar con los cantos de las aves, con el sonido del mar, con el de los ríos, hasta con el dulce silbar del viento- fue utilizada para expresar, comunicar y transmitir sentimientos.

Para la cultura griega la música era “un arte impregnado de poder para penetrar en lo más profundo del alma”. De hecho, en las escuelas de Grecia, la curación y el sonido se consideraban una ciencia sagrada altamente desarrollada e, incluso, Apolo el dios de la música y la sanación, encarnaba esta dualidad.

En las últimas décadas, se han generado diversas investigaciones sobre esta materia. Algunas de ellas han demostrado que este elemento puede producir ciertos cambios fisiológicos como acelerar o retardar el ritmo cerebral, la circulación, la respiración, la digestión y el metabolismo (DOI: 10.1002/14651858.CD006911.pub3); y otras han evidenciado una alteración de la actividad neuronal en las zonas del cerebro implicadas en el proceso de reducción de estrés (DOI: 10.1016/j.puhe.2015.12.005)

Tanto el pensamiento musical como su práctica instrumental son de naturaleza relativa, lo mismo ocurre con la afinación. Por tal razón, en un artista lo importante es cultivar un oído capaz de reconocer relaciones entre sonidos con tal precisión y memoria, que sea capaz de ajustar una frecuencia sonora a lo que cada contexto exige.

La facilidad para reconocer una nota musical en cualquier sonido con solo escucharla, conocida como oído perfecto o absoluto, es una facultad que tiene una de cada 10.000 personas en el mundo, un pequeño subconjunto que incluye a artistas como Mozart, Bach, Tchaikovski, Frank Sinatra, Freddie Mercury, Michael Jackson y Charly García, por nombrar a algunos.

Fue justamente ese potencial el que llamó la atención de un grupo de investigadores de la Universidad de Delaware en Estados Unidos, que se propuso investigar si esta habilidad era parte de un aprendizaje musical o está relacionada con diferencias estructurales en el cerebro de las personas con esta capacidad. (DOI: 10.1523/JNEUROSCI.1532-18.2019)

Cuando las ondas sonoras de la música llegan al interior del oído la información viaja a través del tallo cerebral y el mesencéfalo hasta llegar al córtex auditivo. La información es procesada por el córtex auditivo primario (AB 41 y 42, incluida la parte media del giro temporal superior) y el córtex auditivo secundario (AB 22). Las pruebas científicas muestran que la percepción musical está basada en dos procesamientos distintos por dos subsistemas neurales diferentes: organización temporal y organización del tono. (DOI:10.33588/rn.5201.2010578)

Para llevar adelante el estudio, se compararon las estructuras y la actividad de la corteza auditiva, es decir, la región de la corteza cerebral que recibe información sonora en 61 voluntarios divididos en grupos, entre los que se encontraban músicos con oído absoluto; músicos con capacidad similar, pero sin tanta precisión; y personas con una formación musical mínima. 

A través de pruebas de comportamiento para medir la destreza del oído absoluto, el equipo mapeó la corteza auditiva primaria, midiendo la respuesta en las tres áreas corticales auditivas. 

Los miembros del primer grupo tenían una corteza auditiva de mayor tamaño que los otros dos grupos y la zona más grande era precisamente la que se activaba en la identificación de los tonos. Este aumento respondía –principalmente- a frecuencias inferiores a 1000 Hz, y también con sintonización de frecuencias más amplias.

Según los investigadores, que contaron con la colaboración de profesionales de la Universidad de York en Toronto, estas personas eran capaces de representar e identificar las diferentes notas musicales incluso sin una nota de referencia. “Lo que sugiere que utilizan una red más amplia de neuronas para representar el tono musical”, reveló el doctor Keith Schneider, uno de los autores del estudio, director del Centro de Biomédica y Cerebro y profesor asociado del Departamento de Psicología y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Delaware.

“Nuestras conclusiones están lejos de comprender totalmente esta habilidad. No determinamos, por ejemplo, si quienes poseen un oído absoluto tenían una corteza auditiva más grande desde el principio o si eso se debe a un entrenamiento musical. Queremos continuar con este trabajo examinando en profundidad las áreas auditivas subcorticales para descubrir de manera exacta dónde se producen los cambios en el cerebro”.

Quizás en las personas con predisposición a desarrollar esta capacidad de tono absoluto, resulte necesario estudiar música desde temprana edad. Sin embargo, pareciera ser un “don” que viene codificado en el ADN de algunos afortunados, lo que brinda una enorme ventaja al momento de componer e interpretar melodías.

Por Carolina Faraldo Portus