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19 Octubre 2020

De la incertidumbre a la identificación del VHC

Los virólogos Harvey J. Alter, Michael Houghton y Charles Rice fueron galardonados con el Nobel por el descubrimiento de este virus, principal causante de condiciones hepáticas crónicas y graves, carcinoma hepatocelular y trasplante. 

La hepatitis es una infección vírica que produce inflamación del hígado, aunque el exceso de alcohol, toxinas ambientales y enfermedades autoinmunes también pueden provocar la manifestación de este trastorno. 

Según estimaciones de mediados de año de la Organización Mundial de la Salud, 71 millones de personas están infectadas por el virus de la hepatitis C (VHC). De ellas cerca de 400 mil murieron en 2016 y se prevé que un tercio de los individuos cuya infección pasa a ser crónica, acabarán sufriendo cirrosis o carcinoma hepatocelular. 

A diferencia de otras, en particular del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), en esta infección existen tratamientos con altas tasas de éxito. Esto gracias a los avances que comenzaron a desarrollarse a partir de 1970 por los científicos Charles M. Rice y Harvey J. Alter de Estados Unidos y Michael Houghton de Gran Bretaña que este 2020 fueron honrados por su investigación con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología por el Instituto Karolinska de Estocolmo.

El comité a cargo de la selección estimó que el trabajo realizado en paralelo por ellos permitió aclarar una fuente importante de hepatitis de transmisión sanguínea que no podía explicarse por los virus de la hepatitis A y B, avances que no solo posibilitaron que los suministros de sangre en todo el mundo fueran examinados para detectar la hepatitis C y evitar la transmisión de la enfermedad, sino que también el desarrollo de nuevos medicamentos que han salvado millones de vidas.

Los estudios realizados por Harvey J. Alter, investigador principal del Departamento de Medicina Transfusional del Centro Clínico de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, de la enfermedad asociada a transfusión demostraron que un virus desconocido era una causa común de la hepatitis viral crónica. La misteriosa enfermedad se conoció como hepatitis “no A, no B” [1]. 

Por su parte, Michael Houghton, director del Instituto de Virología Aplicada Li Ka Shing en la Universidad de Alberta en Canadá, utilizó una estrategia para aislar el genoma del nuevo virus, al que finalmente se denominó VHC [2]. 

Charles M. Rice, profesor de la Universidad Rockefeller en Estados Unidos, completó el descubrimiento reuniendo evidencia para demostrar que el VHC por sí solo podía causar hepatitis crónica. A través de ingeniería genética y un complejo proceso en primates, detectó virus en la sangre y cambios patológicos similares a los observados en humanos con la condición crónica. Fue la prueba final para los casos inexplicables de hepatitis mediada por transfusiones [3]. 

“La identificación del VHC por los premios Nobel es un logro histórico en la batalla en curso contra las enfermedades virales. Gracias a ello, ahora se dispone de análisis de sangre altamente sensibles para el virus que, esencialmente, han eliminado la hepatitis postransfusional en muchos lugares, mejorando enormemente la salud mundial”, comunicó el jurado del premio.

El VHC posee un genoma de ARN variable y la capacidad de evolucionar con el tiempo para eludir los medicamentos y la presión inmunológica. Ha coevolucionado con la población humana durante siglos y se ha diversificado ampliamente durante este período. 

Esto se traduce en la existencia de siete principales genotipos que comparten menos del 80% de homología de secuencia entre sí, y más de 50 subtipos del VHC. A pesar de que estos genotipos pueden haber surgido durante largos periodos de tiempo como cepas endémicas en regiones geográficamente diferentes (por ejemplo, el genotipo 6 en el sureste de Asia), la mayoría se ha extendido a nivel mundial. El genotipo 1 es especialmente común en Europa occidental y Estados Unidos, aunque el genotipo 3 es también frecuente en Reino Unido como resultado de su propagación a través de drogas intravenosas utilizadas, principalmente, por inmigrantes del subcontinente indio [4].

Aunque la hepatitis C crónica sigue un curso similar independientemente del genotipo del virus infeccioso, las recomendaciones de tratamiento varían en función de el. Si bien no existe ninguna vacuna eficaz, por primera vez esta enfermedad alcanza la remisión, lo que aumenta las esperanzas de erradicarla de la población.

El 1 de octubre se celebró el Día internacional de la hepatitis C, enfermedad silenciosa que este 2020 fue visibilizada por los aportes de estos tres virólogos que han logrado avances importantes para comprender la replicación del virus. 

“La gran ciencia es a menudo un grupo de personas”, señaló el doctor Houghton en una conferencia de prensa al conocer su distinción. Bajo esa premisa, el desarrollo de sistemas completos de cultivo celular que ya se están probando, permitirán la disección sistemática de todo el ciclo de vida viral, esfuerzos que se han traducido en la identificación de nuevas dianas antivirales y en el desarrollo de estrategias terapéuticas, algunas de ellas se encuentran actualmente en evaluación clínica.

Referencias
[1] Alter HJ. The Gordon Wilson Lecture: The Hepatitis C Virus: From Hippocrates To Cure. Trans Am Clin Climatol Assoc. 2019;130:104-118.
[2] Houghton M. Hepatitis C Virus: 30 Years after Its Discovery. Cold Spring Harb Perspect Med. 2019;9(12):a037069.
[3] Luna JM, Saeed M, Rice CM. Taming a beast: lessons from the domestication of hepatitis C virus. Curr Opin Virol. 2019;35:27-34.
[4] Klenerman P, Fleming V, Barnes E. What are the prospects for controlling hepatitis C?. PLoS Med. 2009;6(6):e1000096.

Por Carolina Faraldo Portus