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12 Octubre 2026

El malestar que precede a la menarquia

Nuevos hallazgos sugieren que síntomas físicos presentes en la infancia y pubertad temprana podrían anticipar un mayor riesgo de desarrollar dismenorrea, abriendo nuevas perspectivas para la identificación precoz y el acompañamiento de la salud menstrual.

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Durante años, el dolor menstrual intenso ha sido considerado una experiencia frecuente e incluso esperable durante la adolescencia. Sin embargo, la evidencia científica ha mostrado que este puede afectar de manera significativa la calidad de vida, interferir con las actividades escolares y sociales, y mantenerse subestimado debido a la normalización del malestar asociado [1].

La menarquia suele marcar un antes y un después en la vida de una niña, pero una nueva línea de investigación plantea que la historia del padecimiento menstrual podría comenzar mucho antes de esa primera "regla". El hallazgo proviene de un estudio de cohorte prospectivo publicado en The Lancet Child & Adolescent Health, que evaluó a 2.254 niñas previo a este hito y realizó un seguimiento posterior a tres años para analizar la aparición de cólicos y su severidad [2].

Una condición que se normaliza

La dismenorrea es uno de los trastornos ginecológicos más comunes entre adolescentes y mujeres jóvenes. Aunque puede clasificarse como de carácter primaria cuando no existe una enfermedad pélvica identificable, su aparición involucra mecanismos inflamatorios relacionados con prostaglandinas, contracciones uterinas y diferencias individuales en la respuesta al dolor [1].

Pese a su elevada frecuencia, muchas consideran que experimentarlo de manera intensa es parte inevitable del proceso, lo que puede retrasar la consulta y limitar el acceso a herramientas diagnósticas y terapéuticas adecuadas. Esta percepción también ha sido descrita como una de las principales barreras para abordar de manera oportuna los trastornos relacionados con la salud menstrual [3, 4].

Un estudio publicado en Frontiers in Public Health en 2025 analizó esta materia en España y evidenció que el dolor, los trastornos asociados al ciclo y las dificultades para acceder a atención especializada continúan siendo problemas relevantes. En él, los autores destacan la necesidad de mejorar la educación menstrual y favorecer una atención sanitaria que considere estos síntomas como un aspecto importante del bienestar femenino [3].

Este escenario ha impulsado una nueva mirada sobre la dismenorrea: no solo como un síntoma que aparece una vez iniciado el ciclo, sino como una condición cuya trayectoria podría involucrar factores presentes desde etapas anteriores del desarrollo [5].

 Ventana de observación

El estudio publicado en The Lancet Child & Adolescent Health aporta una perspectiva novedosa al explorar qué ocurre antes de que aparezca el primer período doloroso. En la cohorte analizada, el 57,6% de las jóvenes desarrolló dismenorrea a los 12-13 años, catalogándose un 19,0% de los casos como severos. A partir del seguimiento longitudinal, los investigadores identificaron asociaciones significativas entre la presencia de determinados síntomas físicos antes de la menarquia y el desarrollo posterior del dolor [2].

Entre las señales observadas se incluyeron molestias somáticas no dolorosas —como fatiga, náuseas, mareos o trastornos gastrointestinales—, además de indicadores vinculados con la maduración puberal avanzada. Estos resultados no implican que todas quienes presenten estas características desarrollarán dolor menstrual, pero sí sugieren la existencia de factores de vulnerabilidad interoceptiva y central [2].

La investigación sobre esta materia también ha mostrado que la dismenorrea puede compartir mecanismos con otros cuadros de dolor persistente. Revisiones clínicas han planteado que algunas pacientes manifiestan una mayor sensibilidad del sistema nervioso frente a estímulos dolorosos, fenómeno que podría explicar la asociación entre cólico intenso y otras condiciones [1].

Comprender estos mecanismos resulta relevante porque permite avanzar desde un modelo reactivo —centrado en tratar el malestar cuando ya limita la vida diaria— hacia una aproximación más preventiva, donde la identificación temprana de señales de riesgo pueda favorecer un mejor acompañamiento clínico.

Los nuevos hallazgos no significan que sea posible predecir con certeza quién desarrollará dismenorrea, sino que abren una oportunidad para identificar perfiles de mayor riesgo y generar estrategias de educación, seguimiento y evaluación clínica antes de que el dolor se vuelva incapacitante.

Si bien la data aún requiere ser confirmada por nuevas investigaciones, estas representan un cambio de paradigma en la comprensión de la salud menstrual. Más que un problema que comienza con la primera regla, la evidencia sugiere que algunas de las bases del dolor podrían establecerse años antes de la menarquia.

Referencias
[1] Lacovides, S., Avidon, I., & Baker, F. C. (2015). What we know about primary dysmenorrhea today: A critical review. Human Reproduction Update, 21(6), 762–778.
[2] Lenert, M. E., Smith, T., Hidalgo-Lopez, E., Portengen, C. M., Harte, S. E., Beltz, A. M., Schrepf, A., & Kaplan, C. M. (2026). Premenarche risk factors for future dysmenorrhoea: a prospective cohort study. The Lancet Child & Adolescent Health, 10(10), 710–718.
[3] Sánchez-López, S., Barrington, D. J., Poveda-Bautista, R., & Moll-López, S. (2025). A mixed method study of menstrual health in Spain: pain, disorders, and the journey for health. Frontiers in Public Health, 13, 1517302.
[4] Armour, M., Parry, K., Al-Dabbas, M. A., Curry, C., Holmes, K., Ferfolja, T., & Smith, C. A. (2019). Self-care strategies and sources of knowledge on menstruation in 15,000 women with dysmenorrhea: A systematic review. Journal of Women’s Health, 28(5), 691–702.
[5] Nota de prensa. Las señales que avisan de períodos dolorosos pueden llegar hasta tres años antes de la primera regla. Ediciones EL PAÍS S.L. https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-09-01/las-senales-que-avisan-de-periodos-dolorosos-pueden-llegar-hasta-tres-anos-antes-de-la-primera-regla.html

Por María Ignacia Meyerholz

menarquia, menstruación, salud menstrual, dismenorrea, infancia, pubertad

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