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25 Julio 2022

Historia de una paradoja médica

Los efectos cardioprotectores de la dieta esquimal, rica en ácidos grasos omega-3, de los habitantes de las regiones circumpolares de Siberia, Alaska, Canadá y Groenlandia son otro mito desmentido por la evidencia.

Una paradoja (del latín paradoxa) es una idea extraña, opuesta a lo que se considera la opinión general o con una contradicción lógica. Suelen manifestarse en muchos campos del conocimiento [1].

Dentro de los tantos ejemplos, en medicina nos encontramos con una que nació en los 70’s cuando dos investigadores daneses, Hans Olaf Bang y Jorn Dyerberg, publicaron una serie de estudios en los que relacionaban la baja tasa de enfermedades cardiovasculares (ECV) entre los esquimales inuit de Groenlandia con su dieta, que contenía grandes cantidades de pescados y otros animales marinos [2 y 3].

Así se comenzó a instalar la creencia de que el aceite de pescado tiene propiedades cardioprotectoras. Incluso las guías nutricionales de Canadá, Estados Unidos y Europa recomiendan que, al menos, dos comidas a la semana contengan pescado (preferiblemente azul) para prevenir las ECV.

Varios ensayos clínicos posteriores informaron resultados ambiguos o negativos con respecto a los supuestos "efectos protectores" sobre el corazón, tanto del aceite de pescado como de los suplementos de omega-3 [4]. 

Finalmente, una revisión de la evidencia concluye que los inuit tienen una prevalencia de ECV similar al resto de la población, excesiva mortalidad por accidente cerebrovascular y una esperanza de vida casi 10 años más corta [5]. 

Los inicios de la paradoja esquimal 

La noción de que el aceite de pescado tiene propiedades curativas y que promueven la salud ha captado la atención de la comunidad científica durante los últimos 50 años. 

Hans Olaf Bang y Jorn Dyerberg eran químicos clínicos en el Hospital Universitario de Aalborg en Dinamarca. Curiosos de la nutrición de los inuit emprendieron una expedición a la costa noroeste de Groenlandia. 

Se detuvieron en un pueblo llamado Uummannaq (ubicado a 700 kilómetros del Círculo Ártico Polar) cuya población -contando los asentamientos circundantes- ascendía a 1.350 personas. Vivían de lo que podían cazar y pescar en un entorno caracterizado por temperaturas glaciales, paisajes agrestes e inviernos prolongados, por lo que la dieta esquimal tradicional no incluía alimentos vegetales, productos agrícolas, ni lácteos y era inusualmente baja en carbohidratos.

Durante su primera intervención tomaron muestras de sangre a 130 nativos. En comparación con los daneses, encontraron niveles más bajos de lípidos totales, colesterol (LDL) y triglicéridos (TG). Sin embargo, tenían una mayor proporción de ácidos grasos omega-3, que son comunes en los pescados de agua fría. 

En un viaje posterior, pidieron a los esquimales muestras de sus comidas durante varios días. El análisis químico de esos alimentos mostró que consumían más proteínas, colesterol y ácidos grasos polinsaturados, los llamados omega-3 provenientes de la carne de ballena, focas, aves marinas y pescados. Así, en 1980, sugirieron que seguir una dieta similar podría prevenir ECV en personas que, a diferencia de los “afortunados” inuit, eran propensas a padecerlas.

Dudas sobre metodología de esta investigación seminal

Bang y Dyerberg eran nutricionistas, no cardiólogos. Por lo tanto, no sometieron a estudios cardiovasculares ni examinaron el corazón a los voluntarios. ¿Cómo concluyeron entonces que los esquimales no eran propensos a ECV? Analizando los registros médicos, admisiones hospitalarias y certificados de defunción de esa población entre 1960 y 1970. 

Los datos eran, por cierto, incompletos, considerando que el 30% de esos asentamientos no contaba con un médico que corrobora la causa de muerte, por lo que era muy fácil confundir un evento cardíaco con una muerte por otra causa. 

Lamentablemente, la desinformación que rodea a este plan alimentario ha promovido hábitos potencialmente peligrosos para el público general. En 2012, se publicó un metaanálisis de la Universidad de Ioannina en Grecia, en el que después de revisar 20 estudios con 68.680 pacientes, no se pudo corroborar la relación entre los suplementos nutricionales en base a omega-3 y una menor incidencia de ECV, eventos cerebrovasculares e infarto agudo al miocardio [6]. 

En vista de los datos acumulados, el doctor J. George Fodor de la División de Prevención y Rehabilitación del Instituto del Corazón de la Universidad de Ottawa en Canadá junto con un equipo de distintos profesionales llevó a cabo una nueva revisión de la literatura publicada para examinar si la mortalidad y morbilidad debidas a ECV eran realmente más bajas en este grupo étnico, en comparación con sus contrapartes caucásicas.

La mayoría de los estudios evidenciaba que los esquimales de Groenlandia y los inuit de Canadá y Alaska tienen ECV con tanta frecuencia como las poblaciones tradicionales. “Los estudios de Bang y Dyerberg no investigaron la prevalencia de estos eventos. Sin embargo, sus informes todavía se citan rutinariamente como evidencia del efecto cardioprotector de esta dieta, lo cual no es así”, comenta el autor. 

La supuesta ausencia de ECV “es un hallazgo paradójico, porque se trata de una comunidad que se mantiene, principalmente, con un régimen rico en grasas animales, ausencia de frutas y verduras y otros nutrientes importantes. En otras palabras, una alimentación que atenta contra todos los principios de una nutrición equilibrada y saludable para el corazón” [5].

Para el doctor Fodor, el análisis de Bang y Dyerberg representa “una interpretación errónea de los hallazgos originales y es un ejemplo de sesgo de confirmación. Tal vez, también podría simbolizar la tendencia de aplicar estándares menos rigurosos de evidencia científica al informar sobre intervenciones no farmacológicas, es decir, relacionadas con el estilo de vida”.

La dieta carnívora de los habitantes de las heladas regiones circumpolares de Siberia, Alaska, Canadá y Groenlandia sirve como testimonio de las fortalezas y adaptabilidad de la especie humana, pero no es sinónimo de salud. Al igual que nosotros, estas poblaciones sufren de enfermedad cardiovascular, cáncer y otras patologías crónicas que afectan a las civilizaciones occidentales en estos días. 

Referencias
[1] Saavedra, J. 2017. La paradoja de la negación en la intervención social. Cinta moebio 59: 211-220
[2] Bang HO, Dyerberg J, Nielsen AB. Plasma lipid and lipoprotein pattern in Greenlandic West-coast Eskimos. Lancet. 1971;1(7710):1143-1145.
[3] Dyerberg J, Bang HO, Hjorne N. Fatty acid composition of the plasma lipids in Greenland Eskimos. Am J Clin Nutr. 1975;28(9):958-966.
[4] Shen S, Gong C, Jin K, Zhou L, Xiao Y, Ma L. Omega-3 Fatty Acid Supplementation and Coronary Heart Disease Risks: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Clinical Trials. Front Nutr. 2022;9:809311.
[5] Fodor JG, Helis E, Yazdekhasti N, Vohnout B. "Fishing" for the origins of the “Eskimos and heart disease” story: facts or wishful thinking? Can J Cardiol. 2014;30(8):864-868.
[6] Rizos EC, Ntzani EE, Bika E, Kostapanos MS, Elisaf MS. Association between omega-3 fatty acid supplementation and risk of major cardiovascular disease events: a systematic review and meta-analysis. JAMA. 2012;308(10):1024-1033.

Por Carolina Faraldo Portus

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