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13 Septiembre 2021

La ciencia contra el cambio climático

Investigadores de distintas disciplinas plantean la urgencia de construir sociedades limpias, saludables y resilientes para enfrentar la crisis medioambiental. La declaración fue publicada en más de 200 revistas de alto impacto.

Incendios forestales, olas de calor, inundaciones, tormentas de arena y megagranizadas son parte de las manifestaciones del calentamiento global durante 2021. Miles de personas han sufrido las consecuencias de un proceso que viene desarrollándose desde hace varias décadas. Sin embargo, el grado de destrucción de los fenómenos recientes lleva a preguntarse si realmente se realizan los esfuerzos necesarios para evitar daños en la población y en la salud.

La preocupación aumenta al punto que, ante lo que consideran desidia y lentitud de estados, gobiernos y líderes mundiales, comités editoriales de más de 200 revistas científicas decidieron aunar esfuerzos para intentar imprimir urgencia a políticas e iniciativas que ayuden a fortalecer la lucha contra el cambio climático.

“Los objetivos que se han establecido para reducir las emisiones, conservar la biodiversidad, limitar el aumento de la temperatura y proteger la salud son bienvenidos, pero no suficientes. Aún deben combinarse con planes creíbles a corto y largo plazo”, coinciden médicos de distintas especialidades en una editorial [1] publicada simultáneamente por revistas de todos los continentes, incluyendo el BMJ, The Lancet, New England Journal of Medicine, East African Medical Journal, Chinese Science Bulletin, National Medical Journal of India, Medical Journal of Australia, International Nursing Review y Salud Pública de Brasil.

El texto se difundió previo a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) de septiembre, antesala de la Cumbre del Clima (COP26), que se celebrará entre octubre y noviembre en Glasgow, Reino Unido. Para los científicos esta reunión es una instancia clave para llamar a los países participantes a entregar planes climáticos mejorados y, sobre todo, ambiciosos para cumplir las metas del Acuerdo de París, firmado por 195 naciones en 2015.

"Como profesionales de la salud debemos hacer todo lo posible para ayudar a la transición hacia un mundo sostenible, más justo, resiliente y saludable. Nosotros, como editores de revistas cientificas, hacemos un llamado a los gobiernos y a otros líderes para que actúen, marcando 2021 como el año en que el mundo finalmente cambie de rumbo", comentó la doctora Fiona Godlee, editora de BMJ y coautora de la editorial.

Efectos nocivos en la salud

Utilizando datos de 732 localidades de 43 países, la revista Nature Climate Change [2] concluye que más de un tercio de los fallecimientos por calor entre 1991 y 2018 son atribuibles al fenómeno. “37% se debe al calentamiento del planeta por actividades antropogénicas”, coinciden los investigadores de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y la Universidad de Berna, en Suiza.

América Central, del Sur, Europa y el Sudeste Asiático son las regiones más afectadas. En tanto, la lista de ciudades impactadas es encabezada por Santiago de Chile, donde se contabilizaron 136 fallecimientos adicionales al año, 44,3% vinculados directamente al calor. Le siguen Atenas, Roma, Tokio, Madrid, Bangkok, Londres, Nueva York y Ho Chi Minh.

“Las pérdidas de vidas seguirán elevándose si no hacemos algo o nos adaptamos. Hasta ahora, la temperatura media mundial ha crecido alrededor de 1,5°C, lo que es una fracción de lo que podríamos afrontar si las emisiones siguen sin control”, enfatiza Ana Vicedo-Cabrera, académica de Universidad de Berna.

Niños, ancianos, minorías étnicas, comunidades con menores ingresos y personas con patologías subyacentes son los grupos más vulnerables. También perjudica a los programas que buscan reducir la desnutrición, ya que las temperaturas extremas dañan los cultivos, afectando la disponibilidad de alimentos.

Para el doctor Alan Smyth, editor de Thorax, “el calentamiento global afecta el futuro de nuestro planeta y, particularmente, la salud pulmonar de todos sus habitantes, desde jóvenes hasta mayores. Llamamos a los líderes mundiales a tomar medidas inmediatas y proporcionadas para limitar el aumento de la temperatura”.

En 2018, de acuerdo con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, se alcanzó un punto irreversible en el deterioro de importantes ecosistemas. Sus integrantes advirtieron que, entre 2030 y 2052, el aumento de la temperatura global podría llegar, en promedio, a 2°C, lo que provocaría efectos insospechadamente negativos.

En el área de la salud mental, ya se evidencian cuadros de ansiedad, estrés postraumático, depresión severa y trastornos somatoformes. Según una investigación publicada en la revista PNAS [3], la exposición prolongada a sucesos extremos, como el aumento de temperatura, huracanes o tormentas tropicales, se asocia a una peor calidad de vida.

La Organización Mundial de la Salud reconoce que muchas enfermedades potencialmente mortíferas son sensibles a las condiciones climáticas, determinado su incidencia y propagación. Algo que viene ocurriendo desde 1880 con la Revolución Industrial y el surgimiento de grandes ciudades, lo que acarreó la generación de gases de efecto invernadero. Ya en pleno siglo XXI existe consenso sobre la necesidad de implementar políticas de mitigación sólidas que protejan a la población y a las futuras generaciones, sin embargo, muchos anuncios han estado lejos de llevarse a la práctica, lo que preocupa a la comunidad científica. Para sus miembros es prioritario rediseñar las urbes, sistemas de transporte, financiero y sanitario, junto con restructurar procesos de producción y distribución de alimentos. “Es una inversión enorme, pero sus beneficios serán mucho mayores”, enfatizan.

En la editorial se plantea que una mejor calidad del aire generaría por sí sola beneficios para la salud que compensarían, con creces, los costos globales de la reducción de emisiones. “La responsabilidad debe recaer en los países que han contribuido de manera desproporcionada a la crisis ambiental. Estos deben ayudar a otros de ingresos bajos y medianos a construir sociedades más limpias, saludables y resilientes”. Según ellos, tal como lo demuestra la pandemia por SARS-CoV-2, “globalmente somos tan fuertes como el miembro más débil”.

Por su parte, el doctor Seye Abimbola, editor jefe de BMJ Global Health, concluye que “lo que debemos hacer para abordar las crisis, inequidades sanitarias y el cambio climático es lo mismo: solidaridad y acción global, junto al reconocimiento que el destino de la humanidad está indisolublemente vinculado a la salud del planeta”.

Referencias
[1] Atwoli L, H Baqui A, Benfield T, et al. Call for emergency action to limit global temperature increases, restore biodiversity and protect health. BMJ Open. 2021;11(9):e056565.
[2] Vicedo-Cabrera, A.M., Scovronick, N., Sera, F. et al. The burden of heat-related mortality attributable to recent human-induced climate change. Nat. Clim. Chang. (2021). 492-500.
[3] Obradovich N, Migliorini R, Paulus MP, et al. Empirical evidence of mental health risks posed by climate change. Proc Natl Acad Sci U S A. 2018 Oct 23;115(43):10953-10958.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

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