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09 Mayo 2022

La memoria del corazón

En los últimos años se dieron a conocer testimonios de trasplantados que aseguran tener recuerdos, emociones y sentimientos de su donante. La literatura médica ha documentado algunos casos. 

“Pálpito” -la serie de Netflix que se ha convertido en la producción de streaming de habla hispana más vista a nivel mundial- plantea la pregunta sobre qué pasa en el cuerpo de alguien cuando recibe de otra persona uno de los órganos más importantes: el corazón [1]. 

La novela de 14 capítulos narra la historia de un hombre a cuya esposa asesinaron para sacarle el corazón y trasplantárselo a la pareja de un millonario. Buscando venganza, el protagonista se adentra en el peligroso mundo del tráfico de órganos y es ahí cuando el destino lo lleva a enamorarse de quien está viva gracias al de su mujer, quien tiene conexiones extrañas con él sin saber por qué. La complicidad entre ambos deja en el aire el debate sobre la posibilidad de que el corazón tenga memoria.

Más allá de la ficción, lo cierto es que, durante años la literatura médica ha documentado algunos ejemplos de trasplantados que después de la operación comenzaron a experimentar nuevas sensaciones, vivencias y recuerdos que, al parecer, provendrían de sus donantes.

Proceso de adaptación

El trasplante de corazón (TC) no es simplemente el reemplazo de un órgano que ya no funciona. Se trata de una terapia consolidada y de uso rutinario en muchos hospitales del mundo, que ofrece un cambio de vida a quienes se someten a él.

Estos pacientes (PTC), además de tener que lidiar con las consecuencias físicas de la intervención experimentan dificultades adicionales asociadas a la percepción culturalmente aceptada de que el corazón es el lugar de las emociones, amor, vitalidad, alma y rasgos de personalidad [2]. Las más comunes son las que surgen como consecuencia de la complejidad de aceptar el corazón de un donante, así como las derivadas del dolor de la pérdida del suyo, con todo el simbolismo que conlleva. 

La etapa de adaptación es un proceso lento para lograr la integración y reconocimiento total del nuevo órgano como propio. La creencia popular de que los sentimientos se ven localizados en el músculo y que la vida se siente a través de sus latidos hace que necesiten más tiempo para aceptar esta nueva situación [3]. 

Memoria celular y cambios en la personalidad

Son varios los casos reportados de individuos que afirman recibir flashes que los conectan con los recuerdos de sus donantes de órganos. Algunos presumen haber identificado, por ejemplo, al asesino que acabó con la vida de quien heredaron su corazón, médula o hígado [4-5-6]. 

Un estudio encabezado por el doctor Benjamin Bunzel del Departamento de Cirugía del Hospital Universitario de Viena en Austria evaluó la reacción de 47 pacientes que recibieron un trasplante de corazón. El 6% de ellos reportó haber notado cambios en su personalidad. “Tras la operación se sintieron obligados a cambiar sus sentimientos y reacciones anteriores para acomodar aquellos que ‘sentían’ como provenientes de los recuerdos de su donante [4]. 

Algunos investigadores plantean que esto se debe a un tipo de memoria celular alojada en el órgano que se comporta como un pequeño cerebro autónomo. Esta teoría se basa en que el corazón posee células nerviosas que están conectadas con el resto del sistema nervioso, las cuales serían capaces de almacenar memorias (epigenética, de ADN, de ARN y de proteínas) que transportarían al receptor de la donación [5].

De hecho, los doctores Paul Pearsall de la Universidad de Honolulu en Hawái, Gary Schartz y Linda Russek de la Universidad de Arizona examinaron 10 casos en los que PTC informaban “cambios en gustos de comida, música, arte, preferencias sexuales e incluso de profesión, así como casos específicos y experiencias relacionadas con sus donantes”. Ninguno de los receptores tenía conocimiento sobre la vida ellos, pero varios experimentaban sus recuerdos [6].

En el estudio, un paciente informó que soñaba con destellos de luz directamente en su cara y la imagen de un individuo parecido a Jesús. Quien le donó el corazón había muerto de un disparo en la cara, que fue percutado por un hombre de cabello largo, ojos profundos, barba y mirada tranquila, muy parecido al de la icónica imagen.

Para Pearsall algunos son más susceptibles (“cardiosensibles”, le llama) a sufrir estos trastornos. “En pacientes sometidos a trasplante de riñón e hígado también se percibieron cambios en su sentido del olfato, preferencia por alimentos y factores emocionales, pero generalmente fueron transitorios”.

El cardiocirujano Josep M. Caralps -ejecutor del primer trasplante de corazón en España en 1984, autor del libro “Supercorazón” y director del Servicio de Cirugía Cardíaca del Hospital Quirón en Barcelona- sugiere que “el corazón al ser el órgano más carismático y fascinante del ser humano es muy probable que genere sus propios sentimientos y emociones, cuyo transmisor es el cerebro”. Por eso, un injerto cardíaco podría transferir “recuerdos y sensaciones” del donante. 

“Cada célula tiene nuestro ADN y puede almacenar memoria y energía, de la misma manera que los objetos en contacto íntimo con nosotros pueden ser transmisores de reminiscencias de quienes los utilizan”, concluye.

Ficción o realidad

El órgano trasplantado termina siendo un tejido sin impulsos nerviosos, hasta que se injerta en un otro. Cuando un enfermo que ha estado al borde de la muerte y es rescatado gracias a un trasplante, se encuentra en una situación psicológica particular, influenciable, sobre todo si -como ocurre en ocasiones- el receptor llega a conocer los datos y características de su donante.

Si bien dentro de la comunidad científica no existe consenso, no son pocas las voces que defienden esta “romántica” posibilidad. A falta de un modelo explicativo adecuado, la manifestación de esta experiencia no se puede desmentir y es más que una “corazonada”.

Referencias
[1] Padrón, L. (2022) Pálpito. Colombia-Argentina-México. CMO Producciones. Serie disponible en Netflix.
[2] Cierpka A, Matek K, Horondénska M. What does it mean to live after heart transplantation? The lived experience of after transplant recipients. A qualitative study. Health Psychol 2015; 3: 23-30.
[3] Sarasa, MM, & Olano-Lizarraga, M. (2019). Explorando la experiencia de vivir con un trasplante cardíaco: una revisión sistemática de la literatura. Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 42(3), 309-324.
[4] Bunzel B, Schmidl-Mohl B, Grundböck A, Wollenek G. Does changing the heart mean changing personality? A retrospective inquiry on 47 heart transplant patients. Qual Life Res. 1992;1(4):251-256.
[5] Liester MB. Personality changes following heart transplantation: The role of cellular memory. Med Hypotheses. 2020;135:109468.
[6] Pearsall, P., Schwartz, G. E., & Russek, L. G. (2005). Organ Transplants and Cellular Memories. Nexus Magazine, 12. http://www.paulpearsall.com/info/press/3.html

Por Carolina Faraldo Portus

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