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08 Noviembre 2021

Los riesgos de la eterna juventud

Si bien aún no es reconocida por la medicina, la midorexia es un trastorno psicológico que afecta a hombres y mujeres que no logran asumir la adultez. Comportamientos burdos y exagerados amenazan su salud.

La línea que separa una actitud sana de un comportamiento obsesivo es en ocasiones muy delgada. Utilizado por primera vez en 2016 en un artículo publicado por The Telegraph [1], el término midorexia ofrece una descripción para un trastorno que a juicio de especialistas va en aumento, pero que no ha sido estudiado en profundidad. Como resultado quedan elementos sujetos a interpretación y la controversia está abierta.

“Se trata de la convicción de algunas personas de aproximadamente 50 años de que están más atractivas que nunca y que deben mostrárselo a los demás”, explica su autora, la periodista británica Shane Watson, quien sintió curiosidad por esta conducta que la medicina recién comienza a explorar. 

La definición tiene dos interpretaciones. Por un lado, el individuo siente plena satisfacción en esta etapa de su vida, pese a dejar atrás la juventud, mostrando una autoestima elevada que suele ir aparejada con la práctica regular de ejercicio, una dieta balanceada, actividades que estimulan la salud cognitiva, como leer o escuchar música y hasta pequeñas intervenciones estéticas. Desde otra perspectiva encierra un aspecto negativo o al menos riesgoso, ya que puede conducir a un trastorno conductual severo, caracterizado por una baja aceptación de la imagen personal y crecientes obsesiones que persiguen eternizar la juventud y autoconceptos de belleza física, a través de comportamientos burdos y exagerados que no se condicen con la realidad. La depresión está a solo un paso.

La midorexia -también identificada como crisis de la mediana edad, puesta en duda en estudios recientes [2]- se asoció inicialmente a figuras públicas, todas con el respaldo económico suficiente para estar siempre a la moda y acceder en reiteradas oportunidades a intervenciones quirúrgicas para intentar mejorar su aspecto. En su columna, Watson los describe con ironía y los califica de inmaduros. Sin embargo, la conducta traspasa los límites de este exclusivo nicho, extendiéndose a personas comunes vulnerables a la presión de la sociedad, un fenómeno que viene ocurriendo hace años y que se ha exacerbado debido la masificación e impacto de plataformas virtuales como Facebook, Instagram y TikTok.

“Esa eterna juventud ya no se entiende como el privilegio de unos pocos, sino que se ha convertido en un ideal que muchos quieren alcanzar”, comenta Estela Barrachina, psicóloga de la Universidad Complutense de Madrid, España.

Una característica de quienes la padecen es que recurren a todo tipo de cirugías estéticas, utilizan diversidad de cremas antiedad y se visten con ropa juvenil. “Echan mano de todo aquello que les permita estar dentro de ese grupo”, agrega María Santos Becerril, psicóloga de la Universidad Nacional de México (UNAM).

En este sentido, Sergio Fernández Mesa, miembro de la Sociedad Española de Medicina Estética, explica que “los procedimientos quirúrgicos se engloban dentro del enfoque holístico del bienestar. Verse bien por fuera se acompaña con cuidarse por dentro, haciendo de la nutrición, ejercicio y cuidado estético un trío inseparable. La expectativa media de vida ha aumentado considerablemente y eso hace que nos encontremos con pacientes en espléndida condición, que no sienten que su imagen corresponda a cómo se encuentran interiormente. Adecúan su aspecto a la juventud que sienten y eso parece totalmente comprensible”.

Según el cirujano “hay que conversar con el paciente para que haga autocrítica de sus pretensiones. Si lo conseguimos es muy fácil continuar acompañándolo en su proceso de envejecimiento, de lo contrario lo lógico sería hacerle notar que necesita ayuda”.

Para Pilar García Flórez, miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, “la clave está en entender que se puede envejecer más o menos rápido, de forma más o menos evidente, pero que finalmente es parte de la vida. Irremediablemente el tiempo va a pasar para todos y creer lo contrario solo genera frustración y derroche de energía. La edad no define quiénes somos, ni tampoco determina nuestra valía. Somos mucho más que eso”.

Perfil riesgoso

Otro rasgo específico de estos individuos es su egocentrismo. También tienen trabajo estable y poder adquisitivo, lo que les permite aspirar a cumplir sus expectativas. Alguien con 65 años todavía puede ser muy productivo y es por eso que a los 40 o 50 se definen como jóvenes, cuando realmente no lo son tanto. Factor importante es el miedo al envejecimiento y lo que esto implica, como pensar en situaciones de duelo y muerte.

De acuerdo con la académica UNAM María Santos, a nivel cognitivo un “midoréxico” mantiene un pensamiento distorsionado de la realidad y suele buscar parejas mucho menores, aunque no exista afinidad. En tanto, a nivel social, probablemente tendrá dificultades con sus hijos, “pues no es agradable para los adolescentes observar que su padre o madre se comporta de manera muy similar a ellos”.

Dentro de sus particularidades es que están en la vanguardia tecnológica. Son asiduos consumidores de los últimos dispositivos y aplicaciones. Los jóvenes se comunican por estas vías y deben sumarse para poder interactuar con ellos. “El trastorno podría tener su origen en el área prefrontal del cerebro, donde radica la capacidad de tomar decisiones que nos hace diferentes a otras especies. Justamente en esa zona se expresa la personalidad”, sostiene. “Tarde o temprano se darán cuenta de la realidad, ya sea en algún evento o con una pareja. No tendrán otra alternativa que asumir que física o fisiológicamente su rendimiento ya no es el mismo”. Es ahí donde el acceso oportuno a terapia conductual es fundamental para gestionar episodios de frustración.

“La midorexia puede estar relacionada con el llamado síndrome de Peter Pan, el cual consiste en negarse a aceptar la edad. Quienes lo sufren son personas arraigadas a su infancia con temor a crecer y asumir los roles que les corresponden, afectando su desarrollo y entorno”. Para otros, en cambio, no es más que una señal de libertad y rebeldía frente a cánones levantados por generaciones pasadas que no necesariamente se adecúan a sus intereses. El problema es llegar a extremos, como el trato discriminatorio hacia individuos considerados poco atractivos [3].

Segunda juventud

Estela Barrachina plantea que a partir de los 40 años empieza una época difícil para mujeres y hombres. “Pensamos si realmente estamos donde queremos estar, si nos gusta lo que hacemos, lo que tenemos, si nuestra vida tiene sentido. A ellas se une la menopausia, muchas veces adelantada debido al estrés. Ellos insisten en hacer deporte sin control, sumando lesiones y arriesgando consecuencias más severas para su salud”. Para la especialista, “lo mejor es aceptar la situación y aprovechar lo positivo de esta segunda juventud. Mediante técnicas como el mindfulness o el registro de emociones negativas y pensamientos alternativos buscamos soluciones”.

Resulta esencial, concluye Bertrand Regader, experto en psicología educativa de la Universidad de Barcelona, no confundir belleza con salud. “Lo considerado bello resulta extremadamente volátil y no tiene por qué corresponderse con el modo en el que nuestro cuerpo está preparado para funcionar. Si algún día existe una categoría clínica llamada midorexia en los manuales diagnósticos, probablemente describirá el comportamiento de personas que sacrifican demasiado por lograr un ideal inalcanzable en cuanto a su estética”. Cuidarse, incluso más de la cuenta, nunca será malo de por sí, salvo cuando se pretenda encajar en estándares de belleza poco razonables y discordantes con las formas de pensar de la sociedad del siglo XXI.

Referencias
[1] Mini skirts and eternal beaty: the rise of Midorexia. Shane Watson. 2016. www.telegraph.co.uk/health-fitness/body/mini-skirts-and-eternal-beauty-the-rise-of-midorexia
[2] Nancy L, Shichen F, Harvey K, et al. Arriba, no abajo: la curva de edad en la felicidad desde la edad adulta temprana hasta la mediana edad en dos estudios longitudinales. Psicología del desarrollo, 2015; 51 (11): 1664.
[3] Slater A, Bremner G, Johnson SP, et al. Newborn Infants' Preference for Attractive Faces: The Role of Internal and External Facial Features. Infancy. 2000 Apr;1(2):265-274.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez