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03 Febrero 2020

Los supercontagiadores

Los diseminadores de virus son personas que tienen la capacidad de transmitir un patógeno a un número desproporcionado de contactos secundarios. Su detección sería clave ante potenciales epidemias. 

La historia de la humanidad ha sido testigo de diferentes tipos de estados de emergencia sanitaria, pero jamás a nivel planetario. El actual brote de coronavirus, originado en Wuhan, recuerda a tres grandes epidemias globales del siglo XX: la gripe española de 1918, la gripe asiática de 1957 y la de Hong Kong en 1968.

Los coronavirus (CoV) son una gran familia de virus que causan enfermedades que van desde el resfriado común hasta otras más graves como el síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV), que produjo un brote de la enfermedad a finales de 2002 en la provincia de Cantón en China y se propagó a Hong Kong y Vietnam en febrero del año siguiente, extendiéndose con rapidez por todos los continentes. 

La Organización Mundial de la Salud declaró en marzo de 2003 una alerta internacional, que dio por controlado cuatro meses después con un balance de más de 8.400 contagiados y 812 muertos en una treintena de países.

Nuevamente, el país asiático está en emergencia luego de que un nuevo coronavirus, el 2019-nCoV, obligara a las autoridades a poner en cuarentena un área con 40 millones de personas. Desde que las primeras informaciones aparecieron, hace unas semanas, más de 40 personas han muerto y miles se han contagiado no solo en China, sino que también en Japón, Malasia, Singapur, Corea del Sur, Taiwán, Tailandia, Vietnam, Nepal, Camboya, Sri Lanka, Australia, Estados Unidos, Canadá, Francia y Alemania, países que reportaron y confirmaron sus primeros casos. 

El 31 de diciembre 2019 fue identificado el 2019-nCov como causante de infección respiratoria en 41 personas de Wuhan -una ciudad con más de 11 millones de habitantes, ubicada en la zona central China- las que tenían en común el haber visitado un mercado mayorista de mariscos. 

Ese mismo día, un equipo nacional de expertos comenzó una investigación epidemiológica que concluyó -inicialmente- que el reservorio del virus era desconocido, pero que se localizaba en el mercado, por lo que dispuso una serie de medidas, entre ellas el aislamiento de los casos; identificación y seguimiento de los potenciales contactos; saneamiento ambiental y cierre del recinto comercial; e investigación de laboratorio para secuenciar al patógeno, lo que logró establecer que el 2019-nCov es genéticamente similar y, al mismo tiempo, diferente a otros dos coronavirus ya conocidos: SARS-CoV y MERS-CoV, causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio.

El estado de incertidumbre para determinar el alcance real de la epidemia es muy grande. La información cambia tan rápido como la propagación. Todavía existen lagunas en el conocimiento del agente infeccioso; en la cuantificación real del número de contagiados; en aspectos relacionados con el ARN del patógeno; y en su capacidad de pasar de un ser humano a otro. Si en un comienzo se pensaba que la transmisión era a través de las vías respiratorias, se cree que también podría contagiarse a través de las mucosas oculares, luego de que el doctor Wang Guang Fa, experto que participó en el equipo de gestión de la epidemia de SARS en 2003, contrajera la enfermedad en su última visita a centros sanitarios de Wuhan para evaluar el alcance de la crisis. 

Ese caso llevó a identificar que en un mismo centro sanitario se han contagiado 15 profesionales de la salud supuestamente infectados por un solo paciente, lo que significa que se podría estar ante la presencia de agentes supercontagiadores, personas capaces de transmitir el virus, por razones a veces desconocidas, rápidamente. Se cree que por la reacción de su sistema inmunitario pueden tener mayor carga viral que otras, incluso habiéndose contagiado al mismo tiempo y de la misma fuente.

Los super spreader -expresión inglesa utilizada medicina- han sido clave en el estudio, así como la contención de otros brotes virales. Su presencia en las epidemias suele quedar recogida en los anales. En la crisis de la fiebre tifoidea de Nueva York, en el año 1900, se detectó la figura de una mujer de origen irlandés portadora asintomática del mal que en su entorno había contagiado a 51 personas, tres de las cuales murieron. María Mallon pasó tristemente a la historia como “María Tifoidea”, murió a los 69 años tras haber sido sometida a permanentes cuarentenas durante casi tres décadas. Fue la primera persona catalogada como supercontagiadora en Estados Unidos.

Durante la crisis del SARS en 2003, un paciente asintomático de la epidemia de Hong Kong fue tratado en el Hospital Prince of Wales y se asoció con, al menos, 125 casos secundarios. Otros supercontagiadores “actuaron” en el Hotel Metropole (13 casos, responsables de la propagación del SARS-CoV en Canadá, Vietnam y Singapur. El caso importado a Canadá provocó 128 nuevos contagios en un hospital de Toronto); y en el complejo de viviendas Amoy Gardens (con más de 180 casos) en Hong Kong y a bordo de un vuelo de Air China que viajó desde Hong Kong a Beijing (22 casos) (DOI.org/10.1016/j.chom.2015.09.013).

Detectar a estos individuos puede marcar la diferencia a la hora de controlar una potencial pandemia. En China ya fue reportado el primer caso de un supercontagiador, que ingresó a un cetro hospitalario de la ciudad de Wuhan, sin ningún síntoma de 2019-nCov, para someterse a una cirugía. Tras ella y una vez dado de alta desarrolló la enfermedad, pero ya había infectado a todo el personal sanitario que estuvo en contacto con él. 

La revista The Lancet ha publicado una editorial que demuestra la transmisibilidad entre humanos de este nuevo CoV, basado en el estudio de una “familia cero” de seis personas que habían viajado a Wuhan y que luego se presentaron con síntomas de neumonía en el Hospital de Shenzhen en la provincia de Guangdong. Cinco portaban el 2019-nCov y lo curioso es que ninguno de ellos había tenido contacto con la fuente original animal que, supuestamente, se encontraba en el mercado, pero dos de ellos visitaron el Hospital de Wuhan (DOI: 10.1016/S0140-6736(20)30186-0).

Los autores sugieren que esta es una prueba de que existen pacientes contagiados y asintomáticos que pueden convertirse en supercontagiadores. Por lo que la única estrategia eficaz es aislar a los pacientes sintomáticos y poner en cuarentena inmediatamente a todos sus contactos, lo que es una tarea titánica en un país tan sobrepoblado como China. 

El alcance y efecto final de este brote no está claro todavía. La situación está evolucionando a gran velocidad. A la fecha, continúa la incertidumbre sobre el nuevo patógeno y el espectro de manifestaciones que pueda causar, la fuente de infección, el modo de transmisión, el periodo de incubación, la gravedad de la enfermedad y las medidas específicas de control.

A pesar de todo eso, investigadores locales lograron secuenciar el genoma del virus en tiempo récord y lo compartieron con la comunidad científica internacional con el fin de avanzar en una vacuna para evitar más contagios y lograr frenar su propagación. 

Por lo pronto, la experiencia alcanzada con otros coronavirus emergentes, como SARS-CoV y MERS-CoV, y las medidas tomadas en ambos casos podrían guiar transitoriamente las repuestas contra este agente infeccioso, mientras se disipan las dudas que afloran diariamente. 

Por Carolina Faraldo Portus