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23 Marzo 2026

No es mal humor, es hambre

Lejos de ser una sensación pasajera, pasar muchas horas sin comer activa mecanismos biológicos que influyen directamente en las emociones, la percepción y la toma de decisiones. 

Hay días en que todo pareciera irritar más de la cuenta. Tanto así, que incluso un mínimo comentario puede hacer que la paciencia desaparezca. No siempre es estrés o cansancio; a veces, la explicación está en algo mucho más básico: comer o no. Esto puede cambiar profundamente la forma en que sentimos y reaccionamos.

El fenómeno conocido como "hangry" —una combinación de hungry (hambriento) y angry (enfadado)— ha dejado de ser solo una expresión popular para convertirse en un concepto reconocido incluso por diccionarios formales [1]. Pero más allá del lenguaje, la evidencia científica muestra que se trata de una respuesta fisiológica real.

Cuando el organismo experimenta una baja en los niveles de glucosa, se activan mecanismos hormonales destinados a compensar ese déficit. Este proceso incluye la liberación de cortisol, sustancia asociada al estrés, lo que puede intensificar reacciones emocionales como irritabilidad o ansiedad [2].

Además, un estudio publicado en 2026 en la revista EBioMedicine (The Lancet) evidenció que la relación entre glucosa y estado de ánimo está mediada por cómo las personas perciben su propio estado metabólico, lo que añade una dimensión subjetiva a este fenómeno [3].

Toma de decisiones

La influencia del apetito no se limita a las emociones básicas. También afecta la forma en que interpretamos lo que ocurre a nuestro alrededor. Investigaciones en psicología han demostrado que las personas con hambre tienden a evaluar situaciones ambiguas de manera más negativa, lo que amplifica conflictos o malentendidos [4].

En la vida cotidiana, esto se traduce en cambios concretos. Un estudio basado en experiencias diarias, realizado en 2022 y publicado en la revista PLOS ONE, evidenció que los niveles de hambre se asocian con mayor irritabilidad, enojo y una menor sensación de bienestar, especialmente en contextos de estrés [5]. Es decir, no solo altera el cuerpo: también modifica la experiencia emocional en tiempo real.

El impacto puede ser incluso más amplio. Un análisis realizado en 2011 por investigadores de la Universidad de Columbia (EE.UU) y la Universidad Ben-Gurión del Néguev (Israel) evidenció que factores como los intervalos entre comidas influyen en la probabilidad de fallos favorables [6].

Para llegar a este resultado analizaron más de 1.100 resoluciones de libertad condicional tomadas por ocho jueces a lo largo de 50 días, observando cómo variaban sus decisiones durante la jornada. Cada magistrado revisaba entre 14 y 35 casos diarios, uno tras otro, con deliberaciones breves de apenas seis minutos por caso.

Los hallazgos fueron llamativos: la probabilidad de que un preso obtuviera una respuesta favorable era significativamente mayor al inicio del día o justo después de una pausa para comer. En esos momentos, cerca del 65% de las decisiones eran positivas. Sin embargo, a medida que avanzaban los casos sin descanso, esa probabilidad caía progresivamente hasta casi cero, para luego volver a subir tras una pausa [6].

Este patrón sugiere que factores como la fatiga mental y el nivel de energía —posiblemente asociado a la alimentación— influyen en la toma de decisiones, incluso en contextos que se consideran altamente racionales y objetivos.

Comprender esta relación permite reinterpretar reacciones cotidianas que muchas veces se atribuyen solo al carácter. También abre la puerta a soluciones simples pero efectivas: mantener horarios regulares de alimentación, evitar ayunos prolongados y priorizar una dieta equilibrada pueden contribuir no solo a la salud física, sino también a una mayor estabilidad emocional.

Referencias:
[1] Oxford University Press. (s.f.). Hangry. En Oxford Learner’s Dictionaries. https://www.oxfordlearnersdictionaries.com/definition/english/hangry
[2] El País. (2026). Por qué tener hambre nos cambia para mal el estado de ánimo. https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-13/por-que-tener-hambre-nos-cambia-para-mal-el-estado-de-animo.html
[3] Kaduk, K., Kaeber, M., Kühnel, A., Torrado, M. B., Grahlow, M., Derntl, B., & Kroemer, N. B. (2026). Glucose levels are associated with mood, but the association is mediated by ratings of metabolic state. EBioMedicine, 124, 106035.
[4] MacCormack, J. K., & Lindquist, K. A. (2019). Feeling hangry? When hunger is conceptualized as emotion. Emotion, 19(2), 301–319.
[5] Swami V, Hochstöger S, Kargl E, Stieger S (2022) Hangry in the field: An experience sampling study on the impact of hunger on anger, irritability, and affect. PLOS ONE 17(7): e0269629.
[6] Danziger, S., Levav, J., & Avnaim-Pesso, L. (2011). Extraneous factors in judicial decisions. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(17), 6889–6892.

 Por María Ignacia Meyerholz

hambre, glucosa, cortisol, apetito, hangry, the lancet, PLOS ONE, Universidad de Columbia

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