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14 Diciembre 2020

Temperatura corporal a la baja

Hace 200 años se determinó que el parámetro normal promedio era de 37°C. Recientes descubrimientos en termometría revelan que en algunas poblaciones ese índice está disminuyendo en relación al tradicional rango.

La medida de la capacidad del organismo para generar y eliminar el calor corporal, ha sido objeto de interés por parte de los clínicos. No fue hasta 1864 cuando el médico alemán Carl Reinhold August Wunderlich estableció el dogma de los 37°C (98,6°F) como parámetro normal.

Durante 18 años recopiló millones de registros de las curvas térmicas axilares de más de 25 mil pacientes en Leipzig, llegando a establecer como fiebre aquella que superaba el límite máximo que estableció en 38ºC (100,4ºF).

Los resultados de esos estudios termográficos los dio a conocer en Das Verhalten der Eigenwärme in Krankheiten (El comportamiento del calor intrínseco en las enfermedades), una publicación de la cual surgieron más de 20 trabajos, un libro que resume su investigación que sienta de modo sistemático los fundamentos científicos de la termometría y convierte al termómetro en un instrumento imprescindible en la práctica médica. 

A pesar de que utilizó herramientas de medición muy sofisticadas para su tiempo, la exactitud de ellas ha mejorado en estos 170 años, por lo que ahora la cifra es más precisa: 36,8°C. Sin embargo, desde hace unas décadas se sospecha que este índice necesita un ajuste. 

Nadie se había atrevido a desafiar rigurosamente la figura de Wunderlich, hasta que en 1992 un equipo de la Universidad de Maryland en Baltimore examinó a 148 personas que participaban en un ensayo de vacuna y descubrió que sus temperaturas promediaban los 36,8°C [1]. 

El doctor Philip Mackowiak, especialista en enfermedades infecciosas y autor principal de ese trabajo, sospechaba que los aparatos disponibles para registrar el grado de calor de los cuerpos en la época de Wunderlich eran rudimentarios, tesis que comprobó al usar uno del médico alemán disponible en una colección especial del Museo Mütter de Filadelfia que marcaba una medición 1°C más alta. 

Otra reciente investigación dirigida por la Universidad de Stanford [2] sugiere que la temperatura corporal ha disminuido desde el siglo XIX. Esta variación no está precisamente relacionada con los dispositivos de medición utilizados, sino con el hecho de que desde 1800 el cuerpo humano se ha vuelto sostenidamente más frío cada década.

Los científicos analizaron 677.423 registros médicos de la población estadounidense en tres períodos distintos de los últimos 150 años, incluidos datos de la Guerra de Secesión, los cuales mostraron que, actualmente, los hombres tienen una temperatura promedio un 0,59°C menor que aquellos nacidos a principios de 1800, mientras que en las mujeres este parámetro ha caído en 0,32°C. 

Parece paradójico que mientras la atmósfera terrestre y los océanos están aumentando su temperatura media a causa del calentamiento global, en los seres humanos se esté dando lo contrario.

“Establecerla en 37°C es incorrecto”, señala la doctora Julie Parsonnet, profesora de medicina de la Universidad de Stanford y coautora de la investigación.

La causa del descenso estaría relacionada con la reducción de la tasa metabólica, es decir, la cantidad de energía que utiliza el cuerpo humano para funcionar. Además, entra en juego la combinación de otros factores como ropa más cálida, calefacción dentro del hogar, vida sedentaria y disminución de las enfermedades infecciosas. 

“Una inflamación produce diferentes proteínas que aceleran el metabolismo y aumentan la temperatura y su menor presencia podría estar relacionada con el hecho de que durante los últimos 200 años los tratamientos médicos y los hábitos de higiene han mejorado significativamente”.

Si bien este estudio podría tener la limitación de haberse realizado en un país desarrollado, cobra mayor validez, ya que similar baja fue encontrada también entre los Tsimane, una población indígena de horticultores-recolectores en la Amazonía boliviana.

Un grupo multinacional de médicos, antropólogos e investigadores locales liderados por Michael Gurven, profesor de la Universidad de California Santa Bárbara observaron una caída media anual de 0,05°C en la temperatura de esta comunidad [3].

En los 16 años que Gurven, codirector del Proyecto de Historia de Vida y Salud de Tsimane, y sus colegas han estudiado aquella población la temperatura pasó de 37°C en 2002 a 36,5°C en 2018, lo que refleja “cambios socioeconómicos que mejoraron rápidamente la salud, longevidad y condiciones de vida en la región”, destaca el autor.

El equipo analizó datos biomédicos que documentan las variaciones de la tasa metabólica en 5.000 indígenas de 110 aldeas, llegando a determinar que las fluctuaciones en los meses de estación húmeda con grados de calor diarios más altos no afectaban la disminución de la temperatura corporal a lo largo del tiempo, ni tampoco los diagnósticos comunes de infecciones respiratorias y genitourinarias. Además, se observó un aumento en la esperanza de vida de 43 a 54 años.

“Nuestra hipótesis principal es que hemos experimentado transformaciones debido a que tenemos menos infecciones gracias a los avances en higiene, agua potable, vacunas y tratamiento médico. En nuestro estudio probamos esa idea directamente, gracias a que contamos con información sobre diagnósticos clínicos y biomarcadores de infección e inflamación en el momento de la consulta de cada paciente”.

Para estos investigadores 200 años en la evolución de la vida “es solo un abrir y cerrar de ojos” y aunque todavía no existe una explicación biológica que me parezca convincente, este descenso indicaría una adaptación de la fisiología humana básica que puede llevar a replantear lo que constituye una fiebre, una pregunta oportuna, dado el uso que actualmente tienen los controles de temperatura para la detección de la COVID-19.

Referencias
[1] Mackowiak PA, Wasserman SS, Levine MM. A Critical Appraisal of 98.6°F, the Upper Limit of the Normal Body Temperature, and Other Legacies of Carl Reinhold August Wunderlich. JAMA. 1992;268(12):1578–1580.
[2] Protsiv M, Ley C, Lankester J, Hastie T, Parsonnet J. Decreasing human body temperature in the United States since the industrial revolution. Elife. 2020;9:e49555.
[3] Gurven, Michael et al. Rapidly declining body temperature in a tropical human population. Science advances, 6(44), eabc6599.

Por Carolina Faraldo Portus