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01 Marzo 2021

Transmisión a la inversa

Se sabe que los animales domésticos se pueden contagiar de personas, dasarrollar la enfermedad y transmitir el virus entre ellos. Ahora, por esta vía, podría volver a los humanos.

Las zoonosis son enfermedades transmitidas al hombre a partir de animales e incluyen -según su origen- agentes infecciosos virales, bacterianos, fúngicos, parasitarios y priónicos, los que mediante vectores utilizan distintos mecanismos de transferencia para perpetuar sus ciclos, donde el ser humano -generalmente- es un hospedero accidental.

Hasta hace un tiempo, estas patologías estaban restringidas geográficamente. Sin embargo, la facilidad de movimientos poblacionales gracias a los progresos aeronáuticos, la intervención antrópica de la naturaleza y la adaptación de los portadores a variados tipos de climas han favorecido su expansión entre continentes. La OMS calcula que 62% de las enfermedades infecciosas que afectan a la comunidad son de origen zoonótico y responsables de 2,7 millones de muertes anualmente. 

Se propagan por contacto directo o indirecto a través de secreciones o deposiciones; por consumo de alimentos de origen animal; y por mordedura o contacto con artrópodos que actúan como vectores biológicos o mecánicos [1]. 

Según un estudio del Departamento de Inmunología y Microbiología del Scripps Research Institute en la Jolla en California, el SARS-CoV-2 presenta 96% de similitud genética con el coronavirus del murciélago Rhinolophus affinis y un poco menos con el del pangolín malayo, Manis javanica [2]. 

La proteína Spike del SARS-CoV-2 tiene dos características relevantes: un sitio para unirse a la célula humana y otro que le otorga patogenicidad. Sin embargo, el virus sufrió un fuerte proceso de selección natural, incluyendo adaptaciones como la fijación de 12 nuevos nucleótidos en su genoma que le confieren la capacidad para producir enfermedad en humanos, gatos, hurones y otras especies. Esta adaptación del virus alerta del potencial que tienen los animales domésticos para convertirse en reservorios del SARS-CoV-2, lo que representa un peligro si las cepas evolucionan de forma independiente, como las ya reportadas en Reino Unido, Sudáfrica y Brasil [3].

En la editorial de la revista Virulence [3], investigadores de la Universidad de East Anglia, el Instituto Earlham en Reino Unido y la Universidad de Minnesota en Estados Unidos advierten sobre “el riesgo a largo plazo para la salud pública de la transmisión animal-persona debido a la evolución continua del virus en los animales”.

Esto porque, entre los coronavirus conocidos, es el que más se transmite entre especies, tiene mayor capacidad de mutación y producto de ella es probable que surjan cepas de alta o baja virulencia.

La transmisión humano-animal y viceversa ya se había reportado en Dinamarca, donde se sacrificó a millones de visones que desarrollaron una mutación del SARS-CoV-2, infectando a animales aledaños y personas. “La investigación genética y epidemiológica demostró que dos pacientes fueron contagiados por ellos. Existía evidencia de que el virus puede transmitirse a gatos, perros, tigres, hámsteres, hurones y macacos, pero no conocíamos reportes de infección de estas especies a la población humana”, comentaron los autores [4].

Que los visones sean susceptibles a la enfermedad no fue una sorpresa, porque están estrechamente relacionados con los hurones, que también pueden contraer el virus de la influenza humana. Sin embargo, se han notificado casos de gatos y perros con SARS-CoV-2 en varios países, los que se enfermaron luego de tener contacto con personas con COVID-19. En los felinos se demostró que el virus puede replicarse y transmitirse entre ellos, por lo que resulta necesario evaluar el riesgo que esta especie tiene para reinfectar el virus a humanos [5].

Los brotes holandeses en visones están dando a los científicos la oportunidad de estudiar esta zoonosis “a la inversa” y cómo se adapta el SARS-CoV-2 a medida que se propaga a través de una población grande y densa, lo que abre la interrogante de si los animales domésticos podrían transformarse en reservorios del virus. 

“Una nueva, mucho menos controlable, fuente animal tendría la capacidad de empezar otras epidemias en humanos, incluso cuando la transferencia entre ellos se haya detenido. También puede facilitar oportunidades para cambios evolutivos virales con consecuencias en la transmisión del patógeno en humanos y la efectividad de una vacuna”, concluye el estudio.

La propagación de patógenos entre especies seguirá ocurriendo, por lo que el desafío global es mejorar los pronósticos de riesgo y la vigilancia para predecir a tiempo la próxima pandemia o identificar e interrumpir las vías de contagio iniciales de un futuro episodio zoonótico.

Referencias
[1] Salyer SJ, Silver R, Simone K, et al. Prioritizing Zoonoses for Global Health Capacity Building—Themes from One Health Zoonotic Disease Workshops in 7 Countries, 2014–2016. Emerg Infect Dis. 2017;23(13).
[2] Andersen, K.G., Rambaut, A., Lipkin, W.I. et al. The proximal origin of SARS-CoV-2. Nat Med. 2020;26:450–452.
[3] van Oosterhout C, Hall N, Ly H, Tyler KM. COVID-19 evolution during the pandemic - Implications of new SARS-CoV-2 variants on disease control and public health policies. Virulence. 2021;12(1):507-508.
[4] Oude Munnink BB, Sikkema RS, Nieuwenhuijse DF, et al. Transmission of SARS-CoV-2 on mink farms between humans and mink and back to humans. Science. 2021;371(6525):172-177.
[5] Gaudreault NN, Trujillo JD, Carossino M, et al. SARS-CoV-2 infection, disease and transmission in domestic cats. Emerg Microbes Infect. 2020;9(1):2322-2332.

Por Carolina Faraldo Portus