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18 Julio 2022

Un mundo sin sonidos

La hipoacusia representa un problema de salud en aumento. Si bien su abordaje responde a implantes cocleares o cirugía, la investigación actual apunta a otros horizontes: inyecciones intratimpánicas y terapia génica.

Vibraciones en el cuerpo, sentarse en una butaca de un teatro y "escuchar" cómo se desplazan las notas de una sinfonía. Algo que puede sonar romántico para algunos, no es la realidad de alrededor de 1.500 millones de personas que viven con algún grado de pérdida de audición, de las cuales unas 430 millones necesitan servicios de rehabilitación [1]. 

Para 2050 está previsto que existan casi 2.500 millones de individuos con esta condición, que puede deberse a causas genéticas, complicaciones en el parto, ciertas enfermedades infecciosas, otitis crónicas, exposición a sonidos fuertes, uso de medicamentos ototóxicos y envejecimiento.

A pesar de que su prevalencia es mayor que la del cáncer o diabetes, actualmente no se cuenta con un fármaco aprobado para su tratamiento. Las investigaciones de las dos últimas décadas han permitido mejorar el conocimiento de los mecanismos celulares y moleculares de la cóclea que provocan los déficits auditivos y la aparición de nuevas estrategias para combatirlos. En combinación con métodos que permiten la administración local de fármacos en el oído interno, estos recursos han allanado el camino a prometedoras terapias que se están investigando clínicamente [2].

Sin embargo, un obstáculo fundamental para el desarrollo de esta vía ha sido la falta de un medio eficaz para el transporte de sustancias. Al igual que la barrera hematoencefálica, que protege el sistema nervioso central, la hematolaberíntica (BLB, por sus siglas en inglés) conserva el aparato coclear y vestibular de los agentes de origen sanguíneo que entran a través de la stria vascularis [3,4].

Vías de acción 

El poloxámero (P407) es un medio particularmente eficaz para proporcionar una exposición sostenida de un medicamento a la cóclea. En determinadas condiciones puede inyectarse fácilmente con una jeringa y, a temperatura corporal, pasa rápidamente a ser un gel mucoadhesivo que mantiene contacto con la membrana de la cóclea durante varios días [5]. 

También se han investigado otras tecnologías que utilizan hidrogeles, nanopartículas, perlas magnéticas y aceites. Por ejemplo, una formulación lipídica del antagonista de los receptores NMDA, la gaciclidina, ha demostrado efectividad tras su administración.

La exposición dirigida ofrece la oportunidad de llegar directamente al lugar de la patología y evitar los efectos secundarios no deseados que pudieran generarse por el efecto de un fármaco en todo el cuerpo tras la administración sistémica.

Genética

La pérdida de audición se ha relacionado con mutaciones en, al menos, 100 genes diferentes, pero hasta el 16% de ellas pueden atribuirse a uno solo: el STRC. Una técnica de terapia génica desarrollada en el Hospital Infantil de Boston sustituyó con éxito la proteína mutada, la estereocilina, y revirtió la pérdida auditiva grave en ratones hasta alcanzar niveles de audición normales.

Para oír los sonidos, las células ciliadas sensoriales del oído interno deben entrar en contacto con la membrana tectorial del oído, que vibra en respuesta al sonido, y luego convertirlas en señales enviadas al cerebro. La estereocilina actúa como un andamio ayudando a las microvellosidades a mantenerse juntas en un haz organizado, de modo que sus puntas puedan tocar la membrana.

“Si la estereocilina está mutada, no hay ese contacto, por lo que las células ciliadas no se estimulan adecuadamente", comenta Jeffrey Holt, uno de los autores principales del estudio. "Pero lo más importante es que las células ciliadas sigan siendo funcionales. Creemos que esto proporcionará una amplia ventana de oportunidades para el tratamiento, desde los bebés hasta los adultos con pérdida de audición [6]". 

Así, el avance terapéutico hasta ahora marcado por métodos invasivos (implante y audífonos) está llevando su curso de acción hacia formas más discretas y que, según las investigaciones, permitirían revertir o, al menos, detener el avance de una enfermedad que no parece tener freno. 

Referencias
[1] OMS. Sordera y pérdida de la audición. Cifras 2021. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/deafness-and-hearing-loss
[2] Foster AC, Jacques BE, Piu F. Hearing loss: The final frontier of pharmacology. Pharmacol Res Perspect. 2022;10(3):e00970.
[3] Piu F, Bishop KM. Local Drug Delivery for the Treatment of Neurotology Disorders. Front Cell Neurosci. 2019;13:238.
[4] Inamura N, Salt AN. Permeability changes of the blood-labyrinth barrier measured in vivo during experimental treatments. Hear Res. 1992;61(1-2):12-18.
[5] Ma Y, Wise AK, Shepherd RK, Richardson RT. New molecular therapies for the treatment of hearing loss. Pharmacol Ther. 2019;200:190-209.
[6] Shubina-Oleinik O, Nist-Lund C, French C, Rockowitz S, Shearer AE, Holt JR. Dual-vector gene therapy restores cochlear amplification and auditory sensitivity in a mouse model of DFNB16 hearing loss. Sci Adv. 2021;7(51):eabi7629.

Por Carolina Julio M.

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