Dermatitis atópica: antihistamínicos orales no aportan beneficios clínicos relevantes
Un metaanálisis con más de 6.230 pacientes muestra que esta terapia coadyuvante no ofrece un alivio clínicamente significativo del prurito, las alteraciones del sueño ni las exacerbaciones, desaconsejando su uso rutinario.
Al ser una enfermedad inflamatoria crónica y recidivante, la dermatitis atópica impacta severamente la calidad de vida, afectando hasta al 13% de la población pediátrica y al 7% de los adultos. Pese a que el prurito atópico está mediado predominantemente por vías no histaminérgicas, entre el 20% y el 47% de los pacientes emplean antihistamínicos H1 orales coadyuvantes, evidenciando una controversia clínica persistente.
Este estudio, liderado por el Dr. Alexandro W. L. Chu de la Universidad McMaster en Canadá, sintetizó sistemáticamente los beneficios y efectos adversos de la adición de antihistamínicos H1 orales, bloqueadores H2, estabilizadores de mastocitos —nedocromilo sódico y cromoglicato sódico— o sus combinaciones en el manejo de la dermatitis atópica.
Se realizó una revisión sistemática y un metaanálisis en red bayesiano, consultando las bases de datos Medline, Embase, CENTRAL, FDA y EMA desde su inicio hasta el 5 de mayo de 2025. Se incluyeron 47 ensayos clínicos aleatorizados que evaluaron la terapia coadyuvante con antihistamínicos orales frente a placebo o comparadores activos durante al menos tres días de tratamiento. La muestra abarcó un total de 6.230 participantes pediátricos y adultos.
La adición de antihistamínicos H1 de segunda generación produjo una reducción estadísticamente detectable pero clínicamente no significativa en la gravedad de la patología (diferencia de medias: -1,87; ICr 95%: -3,47 a -0,27) y en el prurito (-0,89; ICr 95%: -1,41 a -0,37), al situarse por debajo de las diferencias mínimas clínicamente importantes (DMCI de 8,2 y 3,0, respectivamente). Los agentes de primera generación mostraron efectos sin relevancia clínica en la gravedad (1,04; ICr 95%: -2,03 a 4,12). Ninguna intervención mejoró de forma importante las alteraciones del sueño ni las exacerbaciones.
En cuanto a la seguridad, es probable que los fármacos de primera generación aumenten el riesgo de deterioro cognitivo (diferencia de riesgo: 66 casos adicionales por cada 1.000; ICr 95%: 0 a 231) y puedan incrementar la interrupción del tratamiento debido a efectos adversos (29 casos adicionales por cada 1.000; ICr 95%: 1 a 131). Los de segunda generación difieren en cuanto al riesgo de deterioro cognitivo (0 casos adicionales por cada 1.000 para la loratadina, 16 para la levocetirizina y 17 para la cetirizina). Sin embargo, no se observó un incremento en eventos adversos graves para ambas clases de fármacos.
Estos hallazgos desaconsejan el uso rutinario de antihistamínicos orales en la dermatitis atópica, dado que sus beneficios clínicos no son significativos frente a los potenciales riesgos de deterioro cognitivo. Esta evidencia informa sobre la necesidad de la actualización de las guías clínicas hacia terapias dirigidas con mayor eficacia y seguridad.
Fuente bibliográfica
Antihistamines for atopic dermatitis (eczema): systematic review and network meta-analysis of randomised trials
Chu AWL, et al.
BMJ 2026; 394:e100163